Cuaresma
Miércoles de Ceniza
Textos
† Del evangelio según san Mateo (6, 1-6.16-18)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará”. Palabra del Señor.
Mensaje[1]
La cuaresma es el tiempo, que la liturgia de la Iglesia, dedica a la preparación para el acontecimiento central del año cristiano: el memorial de la muerte y resurrección de Jesús. Pues bien, para este tiempo, en el que se tendría que intensificar nuestra vida cristiana, el Evangelio nos trae a la memoria dos términos, que son «clave», para entender y vivir lo que Jesús nos pide. Dos términos en los que muchos cristianos no nos fijamos o no les concedemos la importancia que tienen. Estos términos son: lo que está «oculto» y «secreto».
La expresión «en secreto» se repite, en este capítulo del evangelio de Mateo, hasta seis veces. Se aplica a la limosna, a la oración y al ayuno. Y se refiere a lo que debe quedar «oculto», de forma que nadie lo note, lo vea o lo palpe. No se trata de que el propio sujeto ignore el bien que hace, sino que ni siquiera el familiar más próximo, necesita enterarse del bien que hace el creyente en Jesús.
El otro término fuerte, que usa Jesús, para descubrir cómo debe ser la vida del creyente, es evitar, a toda costa, comportarse como un «hipócrita». Como es sabido, Jesús aplicó esta imagen durísima a los fariseos, que utilizaban la religión como una forma de espectáculo en el que se exhibían socialmente. Justamente lo que hacen tantos cristianos, que convierten en ostentación religiosa, lo que no deber síno vida evangélica.
Así pues, este evangelio es un llamamiento a pasar por la vida -en cuanto eso depende de nosotros- de la forma más desapercibida posible. Por eso Jesús les dice a los cristianos: «No hagan el bien para que los vea la gente. Porque si hacen el bien con esa intención, no les sirve para nada». Dios quiere que hagamos el bien, pero de tal manera que el bien se traduzca en bondad. Que no se note el bien que hacemos. Y por tanto, que aparezcamos como los demás. Porque Dios está en lo escondido y ve solamente lo que se hace en lo escondido. Dios se vuelve ciego ante lo solemne, lo grandioso, lo que llama la atención. Lo que Dios quiere de nosotros es que quienes viven en nuestro lado se sientan más seguros, tengan paz, sean felices. Y eso se consigue solamente mediante la bondad, no mediante el cumplimiento ostentoso de lo que está mandado.
La limosna, la oración, el ayuno, se hacen, con frecuencia, de forma que quien hace esas cosas se note que las hace. Y todo eso se hace así «con buena intención»: para dar ejemplo, para hacer el bien a otros, para que la Iglesia se haga presente en la sociedad … Al Dios de Jesús no le interesa en absoluto nada de eso. Dios no quiere lo fastuoso, lo que llama la atención. Dios nos quiere humildes y sencillos.
Con el miércoles de ceniza iniciamos la cuaresma. El símbolo de la ceniza significa que somos «caducos». Ponernos la ceniza en la frente nos recuerda que nuestra vida es frágil, que no somos nada y que nuestras obras deben ser encaminadas hacia el bien de los demás. Y Dios, que lo ve todo, nos recompensará.
[1] Cf. J.M. Castillo, La religión de Jesús, 86-88
