Ecos de la Palabra

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Herodes tenía curiosidad de ver a Jesús

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Tiempo Ordinario

Jueves de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 7-9)

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar.

¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a JesúsPalabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

La misión realizada por los discípulos suscita interés por conocer a fondo la identidad de Jesús.  El evangelio de hoy narra cómo hasta el tetrarca Herodes estaba interesado en conocer a Jesús.

Nuestro breve relato hoy nos presenta un proceso que va del “oír” al “ver”. El tetrarca Herodes “oyó” el anuncio de los hechos de  Jesús anunciado por los discípulos; entonces, buscaba “ver” a Jesús y se preguntaba:  «¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?»

Con los verbos se han descrito dos pasos del proceso que conduce a la fe. Sin embargo, se hace notar que el interés de Herodes por Jesús responde más que todo a un impulso de curiosidad. Con todo, su pregunta  “¿Quién es éste?” es el preludio del interrogatorio que Jesús mismo está a punto de hacerles a sus discípulos y que llevará a Pedro a hacer su confesión de fe. 

La pregunta que plantea Herodes es provocada por la narración de todo lo que Jesús ha realizado hasta ese momento y de lo cual el mismo evangelio ha dado testimonio. Lucas nos enseña así que el camino de la confesión de fe sólo es posible a partir de la audición y el discernimiento de las obras de Jesús; sólo así se conseguirá captar a fondo su identidad. La pregunta que plantea Herodes es una invitación para contemplar la escena que sigue: la multiplicación de los panes y de los peces. En ese relato se revelará con mayor claridad la identidad mesiánica del Maestro.

Herodes intenta reflexionar y encuadra la identidad de la persona de Jesús planteando tres hipótesis, que son falsas, pero que hacen evidentes las primera rutas que se recorrieron para profundizar el misterio de Cristo.

En primer lugar, Jesús NO ES Juan Bautista. El mismo san Lucas estableció en los primeros capítulos del evangelio un paralelismo que permitió delinear con nitidez lo propio de de Juan y lo propio de Jesús, destacando la diferente identidad y misión de ambos y su punto de encuentro.

Parece que Herodes no sabe que cuando Jesús comenzó su misión, el Bautista todavía estaba vivo, de ahí que Jesús no puede ser el mismo Juan Bautista resucitado. Tampoco sabe que Jesús no es el único en hacer obras de poder, ya que en la anunciación del nacimiento de Juan Bautista se había predicho que él caminaría ante Dios “con el espíritu y el poder de Elías”. Sin embargo las obras de Jesús no tienen comparación, por lo extraordinarias que son, con relación a las de Juan.

En segundo lugar, Jesús NO ES el profeta Elías NI uno de los antiguos profetas. En aquella época se creía que el profeta Elías, quien había sido arrebatado de este mundo al cielo, debía volver antes del Día Final. Esta es la base de la hipótesis citada, según la cual “Elías se había aparecido”. 

La gente también recordaba que Moisés había predicho que en el futuro vendría un profeta como él (Cf. Dt 18,15.18), el cual sería el Mesías. Por eso la otra hipótesis según la cual Jesús seria “uno de los antiguos profetas” que habría “resucitado”. Pero hay que tener en cuenta que el Mesías no sería “uno de los antiguos profetas”, sino “el” profeta por excelencia.

Estas dos hipótesis mencionadas, si bien no alcanzan a describir la identidad de Jesús, de todas formas nos colocan en la dirección correcta. Como se verá más adelante en el relato de la transfiguración tanto Elías como Moisés rodearán a Jesús e iluminarán, con sus respectivos ministerios proféticos, el misterio del Señor.

En tercer lugar, queda la pregunta: «¿Quién es éste?» Herodes no consigue llegar a una conclusión y decide verificar por sí mismo, por eso “buscaba ver” personalmente a Jesús. 

En el momento de la pasión de Jesús se le concederá verlo; entonces revelará que su inquietud era sólo curiosidad, su actitud será de burla y desprecio. En ese momento se dice que “esperaba presenciar alguna señal que él hiciera”, pero Jesús no le dio gusto; si se quiere comprender al Maestro, el único camino es el de la contemplación de la Cruz.

Lo de Herodes sólo era curiosidad. Para encontrar al Señor hay que «salir» del laberinto del propio ego. El encuentro con Jesús es personal, directo y sencillo. Herodes no lo entendió, no quería cambiar, estaba atrapado en si mismo.

Los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos

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Tiempo Ordinario

Miércoles de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 1-6)

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.

Y les dijo: “No lleven nada para el camino: ni bastón, ni morral, ni comida, ni dinero, ni dos túnicas. Quédense en la casa donde se alojen, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación”.

Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el evangelio de hoy, después del encuentro con su madre, vemos a Jesús que sigue con su misión. 

El evangelio pasa entonces del discurso a las obras de Jesús. Allí los discípulos siguen contemplando las acciones salvíficas del Maestro y aprendiendo que en sus obras hay también una enseñanza que aprender. Jesús calma una tempestad; cura al endemoniado de Gerasa; cura a la hemorroísa; resucita a la hija de Jairo.

En toda esta revelación progresiva, a través de cuatro milagros, quienes habían sido escogidos por Jesús pudieron apreciar quiénes eran los destinatarios de la Buena Nueva del Reino, los contenidos y la finalidad de la misión del Maestro. Y ahora les toca el turno a los apóstoles, porque para eso fueron llamados.

Para Lucas la misión de los discípulos es una extensión de la misión de Jesús. Veámoslo de cerca siguiendo el orden del relato de envío:

En primer lugarla fórmula de envío. Esta primera parte concentra las palabras más densas de Jesús con relación a la misión: Los Doce son convocados solemnemente por Jesús; es como si los volviera a llamar. Jesús les da investidura para que ejerzan la misión con autoridad. Los especialistas dicen que el texto griego deja entender que les comunica  la misma fuerza que lo ha acompañado en el combate contra el demonio y el mismo poder con que ha hecho curaciones. La misión apunta a la victoria sobre el mal -los demonios- y a la recuperación del hombre -superación de las enfermedades-. La obra de los apóstoles va más allá de los exorcismos y de los milagros en sí mismos, sus acciones son signo de lo que se proclama de viva voz: ¡Ha llegado el Reino de Dios!

En segundo lugarlas instrucciones sobre el comportamiento durante la misión. Jesús los ha dotado de autoridad y poder, los apóstoles por su parte deben renunciar a sus seguridades habituales. Por eso Jesús los instruye para  que «No lleven nada para el camino». Los apóstoles: viajan como personas que van de prisa, que deben cubrir una gran distancia en un tiempo reducido; confían plenamente en la providencia de Dios; dejan todo para recibirlo todo de Dios. Su renuncia es signo de su fe en que Dios Padre, origen de la misión suplirá sus necesidades; están siempre y completamente disponibles para el trabajo evangélico.

Igualmente deben saber vivir la acogida y el rechazo; saben recibir lo que les ofrezcan en la misión y no intentan buscar un mejor alojamiento en otra parte; saben vivir el fracaso en la tarea apostólica con la acción simbólica de sacudir el polvo de los pies, eximiéndose así de toda responsabilidad en la condenación de quien ha rechazado voluntariamente a Jesús y como testimonio de acusación para el día del juicio.

En tercer lugaruna breve descripción de la misión. Lucas nos informa que los Doce hicieron al pie de la letra aquello para lo cual fueron enviados: «Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes». Es así como testimonian el mensaje, con las mismas obras de Jesús.

Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios

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Tiempo Ordinario

Martes de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (8, 19-21)

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Hoy nos encontramos con un texto del evangelio de Lucas que hace alusión a la Virgen María. 

Cuando uno lee el evangelio de Lucas lo primero que nota en las primeras páginas es el lugar que tiene María en la infancia de Jesús. En el pasaje que leemos hoy, nos damos cuenta que María también acompaña la misión de Jesús. 

María quiere ver a Jesús, desde que inició su ministerio itinerante ya no vive a su lado; preocupada por él por lo que oye decir, va a buscarlo. El encuentro entre Jesús y María, da ocasión para una bonita lección para sus discípulos.

María y la parentela buscan a Jesús inmediatamente después de la conclusión de su discurso sobre la escucha de la Palabra, en el que ha puntualizado lo que significa escuchar correctamente. 

Al concluir la explicación de la parábola del sembrador, Jesús había dicho: «la semilla que cayó en tierra buena, son los que después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia».

Con la llegada de María, la enseñanza de Jesús sobre la “escucha” llega a su punto final, En Ella se confirma de todo lo que Jesús acaba de enseñar. Daría la impresión de que Jesús quisiera distanciarse de su familia, pero en realidad los está poniendo de modelo de la correcta escucha de la Palabra -la que transforma la vida y lleva a cambiar el comportamiento-; la familia de Jesus la forman «los que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

Recordemos que en el evangelio de Lucas la escucha y acogida de María con relación a la Palabra de Dios merece la alabanza de Isabel que exclamó: «¡Dichosa tu que has creído, porque  se cumplirían las cosas que te fueron dichas de parte del Señor!». La actitud fundamental de María es la de escuchar, confiar y vivir totalmente en la Palabra de Dios.

María está unida estrechamente a Jesús; su relación con él no depende solamente de la maternidad sino de la acogida, llena de fe y de obediencia de la Palabra de Dios. Precisamente porque creyó en la Palabra de Dios fue que llegó a ser la Madre del Hijo santo de Dios. 

María de Nazareth es modelo de todo discípulo porque ella sabe hacer el itinerario espiritual que va del “oír” al “hacer vida” la Palabra de Dios, precisamente lo que Jesús ha dicho a sus discípulos que deben hacer.