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A la escucha del Maestro – Agosto 2020

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Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente

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Jueves de la XIV semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (10, 7-15)

En aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas instrucciones: “Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.

No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven morral para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bordón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y hospédense en su casa hasta que se vayan.

Al entrar, saluden así: ‘Que haya paz en esta casa’. Y si aquella casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella; si no es digna, el saludo de paz de ustedes no les aprovechará. Y si no los reciben o no escuchan sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacudan el polvo de los pies. Yo les aseguro que el día del juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa ciudad”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el evangelio de hoy, continuamos la escucha del discurso de la misión, en el capítulo 10 de Mateo.

Jesús instruye a sus discípulos para el ejercicio de la misión: «envió Jesús a los Doce con estas instrucciones

Recordemos, ayer lo leímos, que lo primero que Jesús define a sus apóstoles es el marco geográfico espiritual: «vayan a las ovejas perdidas de la casa de Israel»; con una precisa advertencia: «no tomen el camino de los gentiles ni entren en ciudad de samaritanos»; la apertura a todos los pueblos se dará después de la pascua, cuando el envío adquiera un horizonte universal y les indique: «vayan y hagan discípulos míos a todos los pueblos.» Por ahora la misión empieza en casa.

También define Jesús el contenido del mensaje del que son portadores: «Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos.» Anuncio que harán con pocas palabras y con muchos signos transformadores que anticipan la venida de Jesús que tocando el fondo de la miseria humana hace presente la misericordia de Dios que sana, perdona y trae la paz. El apóstol tiene que decir muy poco, pero sus acciones son grandes; por los caminos que recorre se escriben páginas del evangelio al cumplir el mandato: «Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios

La fuerza del anuncio está en el estilo de vida de los discípulos; el texto que leemos deliena cinco rasgos:

Primero. Quien anuncia la alegría del evangelio en nombre de Jesús es una persona compasiva que no es indiferente al dolor y sufrimiento de los pobres, los enfermos y los endemoniados.

Segundo. El discípulo misionero vive feliz con lo esencial; comparte la pobreza de Jesús; logra entender que en la misión no importan los recursos sino las personas; es austero en su vestido, en su alimentación y en todo lo que pueda opacar el valor prioritario del Reino.

Tercero. Quien anuncia el reino es un experto en relaciones humanas, que no es lo mismo que relaciones cortesanas. Sabe darle a las personas un lugar, prestarles atención, saludarlas, escucharlas, sabe abrir y cerrar los procesos de relación interpersonal.

Cuarto. El apóstol se distingue por su disponibilidad para realizar la tarea sin otra motivación que la de servir con generosidad; los bienes de salvación los recibe con gratitud y los ofrece con gratuidad: «Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.»

Quinto. El discípulo misionero, tiene resistencia a la oposición y al rechazo; el fracaso no lo deprime, ni las reacciones agresivas lo violentan; en medio de los inconvenientes actúa con madurez.

Con este estilo e vida, cada discípulo y la comunidad de discípulos son llamados a ser creadores y portadores de paz en los conflictos y situaciones de violencia. Los discípulos de Jesús, como corderos entre lobos, responderán con mansedumbre y siempre serán mensajeros de paz.

Así prepara el Señor a quienes formarán el nuevo pueblo de Dios que debe ser signo y germen del Reino de Dios. La Palabra de Jesús tiene fuerza y capacidad de formar en el mundo de hoy excelentes misioneros que no escatimen la vida para llevar a los demás la alegría del evangelio.

 

 

 

Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia

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Yo soy la puerta 

Domingo IV de Pascua

Ciclo A

Textos 

† Del evangelio según san Juan (10, 1-10)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas.

A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera.

Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.

Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos.

El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir.

Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

 

En el Evangelio de este domingo, (cf. Juan 10, 1-10), llamado “el domingo del buen pastor”, Jesús se presenta con dos imágenes que se complementan la una con la otra. La imagen del pastor y la imagen de la puerta del redil.

El rebaño, que somos todos nosotros, tiene como casa un redil que sirve como refugio, donde las ovejas viven y descansan después de las fatigas del camino. Y el redil tiene un recinto con una puerta, donde hay un guardián.

Al rebaño se acercan distintas personas: está quien entra en el recinto pasando por la puerta y quien «sube por otro lado» (v. 1).

El primero es el pastor, el segundo un extraño, que no ama a las ovejas, quiere entrar por otros intereses. Jesús se identifica con el primero y manifiesta una relación de familiaridad con las ovejas, expresada a través de la voz, con la que las llama y que ellas reconocen y siguen (cf. v. 3). Él las llama para conducirlas fuera, a los pastos verdes donde encuentran buen alimento.

La segunda imagen con la que Jesús se presenta es la de la «puerta de las ovejas» (v. 7). De hecho dice: «Yo soy la puerta: si uno entra por mí, estará a salvo» (v. 9), es decir tendrá vida y la tendrá en abundancia (cf. v. 10).

Cristo, Buen Pastor, se ha convertido en la puerta de la salvación de la humanidad, porque ha ofrecido la vida por sus ovejas. Jesús, pastor bueno y puerta de las ovejas, es un jefe cuya autoridad se expresa en el servicio, un jefe que para mandar dona la vida y no pide a los otros que la sacrifiquen.

De un jefe así podemos fiarnos, como las ovejas que escuchan la voz de su pastor porque saben que con él se va a pastos buenos y abundantes. Basta una señal, un reclamo y ellas siguen, obedecen, se ponen en camino guiadas por la voz de aquel que escuchan como presencia amiga, fuerte y dulce a la vez, que guía, protege, consuela y sana.

Así es Cristo para nosotros. Hay una dimensión de la experiencia cristiana que quizá dejamos un poco en la sombra: la dimensión espiritual y afectiva.

El sentirnos unidos por un vínculo especial al Señor como las ovejas a su pastor. A veces racionalizamos demasiado la fe y corremos el riesgo de perder la percepción del timbre de esa voz, de la voz de Jesús buen pastor, que estimula y fascina.

Como sucedió a los dos discípulos de Emaús, que ardía su corazón mientras el Resucitado hablaba a lo largo del camino. Es la maravillosa experiencia de sentirse amados por Jesús. Haceos una pregunta: “¿Yo me siento amado por Jesús? ¿Yo me siento amada por Jesús?”. Para Él no somos nunca extraños, sino amigos y hermanos. Sin embargo, no es siempre fácil distinguir la voz del pastor bueno. Estad atentos.

Está siempre el riesgo de estar distraídos por el estruendo de muchas otras voces.

Hoy somos invitados a no dejarnos desviar por las falsas sabidurías de este mundo, sino a seguir a Jesús, el Resucitado, como única guía segura que da sentido a nuestra vida.

En la Jornada Mundial de oración por las vocaciones —en particular por las vocaciones sacerdotales, para que el Señor nos mande buenos pastores— invocamos a la Virgen María, que por su intercesión el Señor nos de sacerdotes según su corazón.

 

 

[1] Francisco, Regina Coeli. 7 de mayo de 2017.