Tiempo Ordinario
Lunes de la II semana
Textos
+ Del evangelio según san Marcos (2, 23-28)
Un sábado Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?” El les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”. Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”. Palabra del Señor.
Mensaje[1]
Los seres humanos, mientras estamos en este mundo, no podemos escaparnos del espacio y el tiempo. Siempre (y sin más remedio) estamos en algún sitio (espacio) y en algún momento (tiempo). Solo se salen del espacio y del tiempo quienes se van de este mundo. O sea, solo la muerte nos saca del espacio y del tiempo. Por esto se comprende que las religiones le concedan tanta importancia al espacio (el templo) y al tiempo (viernes [musulmanes], el sábado [judíos], el domingo [cristianos]. Además, están los días de fiesta sagrada; o los sitios, ciudades, edificios sagrados. Así, la religión se hace presente en la vida, en cada cultura, en cada país, etc.
El peligro que esto tiene está en que, con demasiada frecuencia, mucha agente religiosa confunde el medio con el fin. El medio es la religión y sus prácticas. El fin es Dios, al que la práctica de la religión tiene que (o debe) llevarnos. Mucha gente identifica el medio con el fin. Es decir, hay gente que confunde la religión con Dios. Y por eso, los que piensan así, cuando cumplen con la religión (en «espacio» y en el «tiempo»), por eso mismo se imaginan que han encontrado a Dios. Y se llevan bien con Él. Todo esto explica por qué los dirigentes de la religión judía eran tan exigentes con la observancia del descanso del sábado. Por eso, Los fariseos acusan a los discípulos de Jesús de no respetar el sábado porque se han puesto a arrancar espigas.
Mientras que, para Jesús, los más importante no era someterse al descanso del sábado, sino que los seres humanos pudieran comer en sábado. Dicho de otra manera, para Jesús, lo más importante no era el cumplimiento religioso deshumanizado, sino el ser humano. Lo primero no era el descanso del sábado, sino remediar el sufrimiento humano y hacer lo posible para que la gente fuera feliz. Por eso Jesús dijo que «no se hizo el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre». Es decir, no se hizo al hombre para someterse al cumplimiento inhumano religioso, sino que la práctica religiosa se hizo para que el hombre sea más humano, más buena persona, más feliz. (Castillo, 2024, p. 35-36)
[1] Cf. J.M. Castillo, La religión de Jesús, 35-36.
