Martes de la II semana
† Del evangelio según san Mateo (18, 12-14)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron.
De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”. Palabra del Señor.
Mensaje[1]
En Adviento, recordamos los cristianos la «venida de Dios». Adviento se deriva del latín «Adventus», que significa «venida» o «llegada». Es decir, en estos días, que preceden a la Navidad, nos preparamos para la venida, la llegada, de Dios al mundo. ¿A qué viene Dios a la Tierra? ¿Qué busca en la Historia humana? Te busca a ti. Me busca a mí. Nos busca a todos. Dios, hecho visible en Jesús que no viene a castigar, ni quiere amenazar. Quiere encontrar todo lo que ande perdido, extraviado, en peligro.
Jesús no habla de pecadores, sino de «extraviados». El Evangelio de Jesús no ve a los pecadores como malas personas, sino como seres humanos que van por la vida como perdidos, como personas que viven desorientadas, solitarias, sin verle sentido a la vida. El que anda perdido, sufre más de lo que imaginamos. Ni tiene a quien acudir. Jesús lo busca. Jesús vino al mundo para eso.
Es frecuente, en los ambientes religiosos, pensar mal de los extraviados, de los desorientados. Si fuéramos siempre «buenas personas», no andaríamos pensando en la bondad o la maldad de la gente, de los conocidos, de quien sea. Lo que tendría que ser el centro de nuestras preocupaciones debería ser el desamparo de los extraviados. Y, si fuésemos así, en lugar de ir censurando a los malos, iríamos buscando a los perdidos. Como seguidores de Jesús se nos confía una gran responsabilidad: la preocupación por todos los hermanos de la comunidad, especialmente por los más débiles. Acoger y reintegrar a todos es tarea de cada uno. Ya no valen excusas, ni podemos mirar solo a los de fuera. Nuestra tarea también es la inclusión y la misericordia con los de dentro. (Castillo, 2024, p. 442)
[1] Cfr. José María Castillo. La religión de Jesús: comentarios al Evangelio diario, 2024, 442.
