Se les abrieron los ojos

Viernes de la primera semana

Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: “¿Creen que puedo hacerlo?” Ellos le contestaron: “Sí, Señor”. Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Y se les abrieron los ojos.

Jesús les advirtió severamente: “Que nadie lo sepa”. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región. Palabra del Señor.

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Seguramente lo más llamativo, que hay en este relato, es la relación que Jesús establece entre la fe y la salud. Por eso Jesús les pregunta a los ciegos si «creen» que él los puede curar. Y por eso les dice también: «Que les suceda conforme a la fe de ustedes». Es decir, Jesús no atribuye la curación al poder de Dios o su propio poder, sino al poder de la fe. Y no olvidemos nunca que la fe es un acto humano pues Dios no se nos impone. Dios sale a nuestro encuentro, se deja conocer y por la fe lo acogemos. No tenemos idea de la fuerza de vida que tenemos en nosotros mismos, en nuestra propia capacidad de acoger a Dios en nuestro corazón. Esto es capital para entender a Jesús.

Este planteamiento de la fe, como fuerza curativa, como energía de vida, es una de las cosas más novedosas y sorprendentes que uno se encuentra en los evangelios. La afirmación de Jesús: «Tu fe te ha curado» se repite constan­temente en los relatos evangélicos. Y por la fe se explica la curación del para­lítico (Me 2,1-12 par), de la hija de Jairo y de la mujer que padecía hemorragias (Me 5,21-43 par), de la hija de la mujer cananea (Mt 15,21-28 par), de los dos ciegos (Mt 9,27-31), los diez leprosos (Le 17,11-19). Más aún, esta relación entre fe y curación es tan fuerte, que cuando falta la fe, el Evangelio dice que Jesús, cuando visitó Nazaret, «no le fue posible de ningún modo actuar allí con fuer­za» (Me 6,5). ¿Por qué? Porque allí «no tenían fe» (Me 6,6; Mt 13,53-58).

Tres enseñanzas se deducen de lo dicho: 1) Jesús le dio un cambio radical a la fe: no es la relación con Dios a través de los ritos religiosos, sino a través de la vida. 2) Para Jesús es más importante la vida que la religión con sus ritos. 3) La fe, ante todo, es una fuerza de vida. O sea, la fe es auténtica cuando nos da fuerza para tirar de la vida, para vivir con gozo y alegría la vida, para superar las dificultades de la vida. Lo que, en definitiva, quiere decir que una persona tiene fe, si afronta con seriedad, con alegría y con ilusión la realidad de esta vida, por más dura y complicada que se nos presente.


[1] José María Castillo. La religión de Jesús: comentarios al Evangelio diario, 2024, 437-438.

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