¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! 

Tiempo Ordinario

Lunes de la XXXI semana

Textos

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos (11, 30-36)

Hermanos: Así como ustedes antes eran rebeldes contra Dios y ahora han alcanzado su misericordia con ocasión de la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los judíos, que ahora son los rebeldes y que fueron la ocasión de que ustedes alcanzaran la misericordia de Dios, también ellos la alcanzarán. En efecto, Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia.

¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios.

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Mensaje[1]

Pablo sigue preguntándose por el papel de Israel en el plan salvífico de Dios. Tal como  escribe a la comunidad de Roma, existe un «abismo de riqueza, de sabiduría y de ciencia» de Dios que siempre debemos aprender a apreciar. Muchas veces nos quedamos en la superficie del mensaje que las Escrituras comunican. 

Y para comprender esta profundidad siempre hay que partir de uno mismo, y el apóstol recuerda que siempre hay una desobediencia a la Palabra de Dios que une a todos los hombres, judíos y paganos. Todo hombre y toda mujer en realidad lo eperimentan, y precisamente experimentando esta lejanía de su Palabra, se nos pide que sintamos la necesidad de la misericordia de Dios que prevalece sobre cualquier forma de desobediencia o de distancia.

Estar encerrado «en la rebeldía» es la oportunidad para cambiar  profundamente: del mismo modo que existe una reclusión común del pecado, también existe un destino común de liberación, ya que todos somos pecadores y necesitamos la misericordia de Dios. solo así, reconociendo la naturaleza común de nuestra fragilidad humana, experimentamos que Dios ama a su pueblo más allá de toda desobediencia y a través de su amor demuestra que sus dones y su llamada son «irrevocables». 

Esta palabra del apóstol, pues, no se dirige solo al pueblo judío, sino a todo creyente que está llamado a confiar plenamente en el amor de Dios y en su plan de salvación.


[1] Paglia, Vincenzo. La Palabra de Dios cada día – 2023. Edición en español. pp. 385-386.

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