Fue a buscarlo y se postró a sus pies

Tiempo Ordinario

Jueves de la V semana

En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido. Una mujer, que tenía una niña poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies.

Cuando aquella mujer, una siria de Fenicia y pagana, le rogaba a Jesús que le sacara el demonio a su hija, él le respondió: “Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. La mujer le replicó: “Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”.

Entonces Jesús le contestó: “Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija”. Al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella. Palabra del Señor.

Descargar los textos en PDF

A primera vista este relato resulta desconcertante. Porque la primera impresión que produce es que Jesús, no solo rechaza, sin que hasta «desprecia» a una pobre mujer, por la sencilla razón de que era una extranjera. Los judíos se consideraban los preferidos de Dios y por ende, merecedores de la salvación. Todos los demás eran paganos y solo merecían desprecio. Jesús fue educado en la cultura y religión judía, por tanto, no nos ha de extrañar que participara de aquellas ideas. Pero hay que leer el relato hasta el final. Y así se comprende que lo determinante, para Jesús, no era la nacionalidad o las creencias religiosas. Lo decisivo, para Jesús es la bondad y la humildad, el buen corazón. Justamente, lo que demostró tener aquella buena madre.

La diversidad y la diferencia de nacionalidad y de religión son fuente y motivo, no solo de separación y alejamiento, sin incluso de odio y violencia. Es el «desprecio» que pone de manifiesto en la primera reacción que manifestó esta narración. Es el rechazo que a todos nos producen los inmigrantes, los refugiados o todo lo que sean gentes extrañas, que se nos hacen difíciles de aceptar. Pero lo admirable, que aparece en este relato, es que quien rea!mente cambio fue Jesús que pasó del desprecio al elogio, del rechazo a la acogida, de la enfermedad a la curación. Este fue el cambio radical que, si nos atenemos a la narración, se produjo en el mismo Jesús. 

Las últimas palabras, que Jesús le dijo a la mujer pagana, a aquella buena madre, nos demuestra que la bondad y la humildad, en definitiva, el amor de la madre a aquella hija, puede con el demonio, vence a Satanás. O sea, el mal solo se vence con bondad, con humildad, con cariño. En esto consiste la gran lección que nos proporciona este evangelio de Marcos. La bondad desarma al peor de todos los enemigos, por más fuerte que sea.


[1] Cf. J.M. Castillo, La religión de Jesús, 63-64.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *