Estos son mi madre y mis hermanos…

Tiempo Ordinario

Martes de la III semana

Textos

En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: “Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”.

El les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Palabra del Señor.

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Alguien de la multitud avisa a Jesús de que sus familiares lo estárían buscando. Jesús aprovecha para indicar un vínculo más fuerte que el de la sangre. El de escuchar y obrar según su Palabra. El de comulgar con la voluntad de sus Padre. Aquí declara Jesús que ser parte de su familia está al alcance de todos.

Para Jesús, los más cercanos a él son los que hacen la voluntad de Dios. Ahora bien, la voluntad de Dios es que todos nos respetemos, nos ayudemos, nos queramos, y que jamás nos hagamos daño. La voluntad de Dios es que no nos relacionemos desde el interés y, menos aún, desde el egoísmo. Pero de sobra sabemos con qué frecuencia y hasta qué extremos de brutalidad se deforman las relaciones de parentesco, que empiezan por manifestaciones de prepotencia, de uso y de abuso y terminan en rivalidades, rencores, desprecios, odios, venganzas y muerte. Por una herencia o por una envidia, hay hermanos que se odian. Como hay madres castradoras que anulan a sus hijos. No. Jesús solo quería la relación humana enteramente libre. Porque es la única que nos hace más humanos y más libres.

Vistas así las cosas, se puede afirmar que la forma de relación humana más perfecta es la amistad. Porque la amistad -en cuanto tal amistad- es la única relación entre los humanos que no tiene sobre sí ningún mandamiento, ninguna obligación, ninguna prohibición. La amistad tiene su consistencia en sí misma. Por eso es completamente libre. Sin embargo, la familia es una institución fundamental. Jesús nunca rechazó a su familia, al contrario, la amaba y la quería. Por medio de la familia, los seres humanos nos integramos en la sociedad, en la cultura, en la convivencia. Es importante proteger a la familia. 


[1] J.M. Castillo, La religión de Jesús, 42-43.

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