Edificó su casa sobre roca.

Jueves de la I semana

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”. Palabra del Señor.

Descargar los textos en PDF

Los cristianos nos tenemos que convencer de que lo que le importa a Dios no es que lo invoquemos, sino que hagamos nuestra su voluntad, que aprendamos a querer lo que el quiere. La invocación puede ser un simple desahogo. La acción es un deber apremiante. La devoción piadosa tranquiliza la conciencia, hace que el devoto se sienta satisfecho y además muchos piadosos se suelen ver a sí mismos mejores que los pecadores, los agnósticos y los ateos. Es la mentalidad típica del fariseo, un tipo de persona que los evangelios rechazan con insistencia. Un tipo de persona tan «religiosa» como «satisfecha» de sí misma y además una clase de gente que va por la vida «despreciando» a quienes no son como ellos. Dios no tolera eso. Prefiere al que es «despreciado» y al que se ve a sí mismo «sin salida» en la vida. El que no ve más salida que pedir que se tenga compasión de él (Le 18,9-14).

El Sermón del Monte termina diciendo que hay hombres inteligentes y hombres necios. Inteligente es el que escucha lo que dice Jesús y lo pone en práctica. Necio es el que escucha el Evangelio, seguramente se lo cree, lo tiene por verdadero, lo acepta sin dudar, pero no lo pone en práctica. En la Iglesia hay más necios que inteligentes. Porque en ella estamos demasiados hombres que escuchamos (y explicamos) el Evangelio y luego hacemos exactamente lo contrario: apetecemos dinero, poder, dignidades, fama … Cuando los cristianos hacemos lo que dijo Jesús en el Sermón del Monte, entonces es cuando edificamos una Iglesia firme, fuerte y como Dios quiere.

La coherencia en la fe es edificar la casa sobre roca. La fe da consistencia, estabilidad y solidez a la persona. La incoherencia en la fe es edificar la casa sobre arena. Es vivir en un peligro constante, por más que se tenga la apariencia de un edificio bien construido. Pero ¡atención!, para Jesús, «creer» es «poner en práctica» lo que dice el Evangelio. Por tanto, creer es perdonar siempre, dar sin pedir nada, poner la otra mejilla, es decir, no devolver mal con mal, ser bueno siempre con todos … El que no hace eso y vive así, por más que asegure que el Evangelio es verdad, si no vive como vivió y murió Jesús, se tiene que preguntar si su fe es la de los discípulos o la de los fariseos.


[1] José María Castillo. La religión de Jesús: comentarios al Evangelio diario, 2021, Bilbao.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *