Tiempo Ordinario
Sábado de la II semana
Textos
+ Del evangelio según san Marcos (3, 20-21)
En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco. Palabra del Señor.
Mensaje[1]
La popularidad de Jesús iba en aumento de día en día. De forma que él y los que le acompañaban habitualmente se veían literalmente invadidos en su casa y en su tiempo, de la mañana a la noche. La gente no les dejaba ni tiempo para comer. Los que acudían en busca de Jesús eran los que pertenecían a los últimos, los ignorantes, los de más baja condición social, económica y cultural. Por lo demás, una cantidad enorme de gente no podían ser los ricos y los potentados, ya que personas de esa alta condición había muy pocas en Galilea.
La gene que cree tenerlo todo, no suele necesitar a Jesús nada más que cuando quieren tranquilizar su conciencia; o solucionar sus problemas de salud, de dinero, de familia… Personas generosas hay en todas partes. Pero los últimos, los desfavorecidos conectan espontáneamente con la mentalidad evangélica.
Algunos familiares de Jesús no solo no estaban de acuerdo con lo que él hacía y con la vida que llevaba, sino que además lo tenían por loco. Es probable que se avergonzasen de él. Era una familia religiosa de toda la vida y bien considerada en el pueblo. Nadie en aquella familia había dado que hablar. Y Jesús se portaba de manera que los «hombres del buen comportamiento» {fariseos) andaban diciendo que había que acabar con él. Es lógico que los parientes pensaran que no estaba en sus cabales. Es duro para cualquiera darse cuenta de que la familia, piensa así de uno. Jesús pasó por esta experiencia, como se relata cuando fue a su pueblo, Nazaret (Me 6,1-6) o cuando se dirigía a Jerusalén (Jn 7, 1-5).
Cuando no se tienen argumentos para desautorizar a alguien, se suele echar mano del desprestigio y hasta se llega a decir que son personas que han perdido la cabeza. ¿Por qué no aceptamos verdaderamente el Evangelio y sus extgencias?
[1] Cf. J.M. Castillo, La religión de Jesús, 39-40
