Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos

Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo de la III semana

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”.

Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también.

Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia. Palabra del Señor.

Descargar los textos en PDF

Estamos en el tercer domingo del tiempo ordinario de este ciclo, dedicado al evangelio de Mateo. El evangelio nos invita a adentrarnos en el relato propio de Mateo, donde nos quedamos con esta frase que resume la predicación de Jesús al inicio de su vida pública: «Conviértanse, porque ya está cerca el reino de los cielos».

La primera lectura que vamos a escuchar está tomada del profeta Isaías, un bello poema mesiánico cuyos últimos versos meditamos en el tiempo de adviento. Este poema dice: «Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos han traído». Este Mesías es la promesa de Dios que viene al encuentro de su pueblo. El poema se escribió en un contexto traumático, tras la destrucción del Reino del Norte, Israel, por parte de Asiria y la deportación de sus habitantes. Recordemos que, a la muerte de Salomón, el reino se divide en dos: el del Norte, llamado Israel, y el del Sur, que se queda con el nombre de Judá, donde quedan dos de las tribus.

En este contexto de pérdida y ausencia de sentido, el profeta menciona los territorios de Zabulón y Neftalí, que ahora están ausentes. Este extremo norte del reino de David y Salomón es lo que eventualmente se llamaría Galilea. El vínculo de la profecía con la vida y el ministerio de Jesús se hace patente, ya que esta comarca, humillada, se llenará de gloria. El Mesías que vendrá quebrantará el pesado yugo que oprime al pueblo de Dios. También en el salmo responsorial encontramos una invitación a confiar plenamente en Dios en toda situación. El salmista inicia subrayando que Dios es siempre nuestra luz y salvación.

La segunda lectura proviene de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios, que nos acompañará varios domingos. Esta carta destaca dos temas: por un lado, el misterio de la cruz a través del cual Cristo nos sana y salva, y por otro, la necesidad de construir la comunión y la unidad. Pablo llama la atención a los cristianos de Corinto por su tendencia a formar bandos, lo que puede ser una tentación siempre presente en la comunidad cristiana. Lo que nos salva y nos hace familia es el amor infinito de Dios, concretado en Cristo, y no simplemente pertenecer a un grupo o seguir a un maestro.

El evangelio de hoy nos narra el inicio de la vida pública de Jesús. Al enterarse del arresto de Juan, el Señor vuelve a Galilea, pero no a Nazaret, sino a Cafarnaún, un poblado en la ribera norte del lago de Jerez, que desde entonces será su ciudad. Mateo cita aquí el texto de Isaías mencionado previamente y presenta el centro del mensaje de Jesús: la invitación a convertirse, es decir, a cambiar de dirección y atención hacia Dios. El relato también incluye el llamado de los primeros cuatro discípulos, quienes eventualmente se convertirán en apóstoles. Simón y Andrés son dos pares de hermanos, con uno de ellos llevando un nombre judío y el otro griego, lo cual refleja la diversidad de la comunidad.

Desde el inicio, Jesús promete a estos hombres hacerles pescadores de hombres, es decir, enviados a rescatar a sus hermanos para el reino. Mateo enfatiza la atracción de Jesús, quien, a diferencia de los rabinos que esperaban que los discípulos los buscaran, sale en busca de ellos. Escuchemos la invitación del Señor: «Síganme y yo les mostraré su lugar en el reino». Este pasaje se vincula con el mensaje del domingo pasado, de Juan Bautista, quien apuntó a Jesús como «el cordero de Dios».

El conocimiento interno de Jesús transforma nuestras vidas. En la tradición cristiana, el pecado no se entiende como un estado jurídico de culpa, sino como una enfermedad que nos impide ver el mundo desde el amor. Este amor no es solo un concepto; es un estado, una manera de vivir. Jesús, el Cordero de Dios, vino a llevar nuestros pecados y a sanarnos. En el evangelio, se nos invita a dejar que la luz de Cristo brille en nuestra oscuridad.

Es esencial dedicar tiempo a la palabra de Dios, a la reflexión y a la oración. Preguntémonos: ¿cuánto tiempo de nuestro día dedicamos a estar atentos a la comunicación de Dios? Esta conversión nos invita a cambiar nuestra mirada y dirección hacia Él. En este camino, descubriremos quiénes somos y cuál es nuestra vocación, tal como ocurrió con los discípulos que, al seguir a Jesús, encontraron un sentido nuevo a sus vidas.

Esta semana hagamos tiempo para conocer mejor a Jesús, leyendo el evangelio cada día, meditando en las escenas y el mensaje que tienen para su vida cotidiana. A través de esta práctica, podremos experimentar la transformación y la luz que solo Cristo puede traer a nuestras vidas. 


[1] Alexander Zatyrka. III Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *