¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo?

Cuaresma

Viernes después de Ceniza

Textos

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les espondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán”. Palabra del Señor.

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Hoy, viernes después de Ceniza, la Iglesia nos introduce de lleno en la cuaresma: un tiempo de purificación, de conversión y de preparación para la Pascua. Venimos del gesto del Miércoles de Ceniza, que nos recuerda nuestra fragilidad: “polvo eres y al polvo volverás” y el llamado a “convertirnos y creer en el Evangelio” (Marcos 1,15).

En Mateo 9,14-15 los discípulos de Juan preguntan a Jesús por qué sus discípulos no ayunan. Jesús responde con la imagen nupcial: mientras el Esposo (él mismo) está presente, hay motivo de fiesta y no de luto; pero llegará el día en que lo apartarán, y entonces ayunarán.

Jesús es el Novio que trae la plena revelación del amor de Dios.  Al estar él “con nosotros”, deja de ser el ayuno una práctica penosa y se convierte en comunión gozosa.  El ayuno cuaresmal anuncia un “después”: el recuerdo de la pasión y, al final, la gran fiesta de su resurrección.

Las viejas prácticas religiosas del corazón duro se reducen a meros cumplimientos. El ego herido busca satisfacciones sensoriales (comer, beber, placeres) o intelectuales (tener siempre la razón, corregir).  La cuaresma propone dos “medicinas”: mortificación: ayuno, abstinencia, vigilia para debilitar al ego sensorial Y Abnegación u obediencia: renunciar a imponer nuestra opinión, supeditar decisiones, para domar el ego intelectual.

La cuaresma es propicia para el crecimiento en la vida espiritual en la que tradicionalmente se distinguen tres etapas: vía purgativa: liberarnos de todo lo que nos aleja de Dios; vía iluminativa: dejarse iluminar por la Palabra y los sacramentos, entender nuestra vocación; vía unitiva: llegar a la comunión profunda con Dios y los hermanos.

La cuaresma puede traducirse en pequeños ayunos digitales (menos redes sociales), en sacrificios de tiempo —por ejemplo, dedicar cada día 10 minutos al examen de conciencia— y en gestos de servicio: escuchar sin interrumpir, ceder el turno de palabra, ofrecer ayuda al compañero necesitado. Así vamos purgando el ego y abriendo el corazón a la alegría del Resucitado.

Señor Jesús, tú que eres Novio y Amigo fiel, danos la gracia de vivir esta cuaresma con verdadero espíritu de penitencia y conversión. Ayúdanos a dominar los caprichos de nuestro ego, a practicar el ayuno y la abnegación con generosidad, y a descubrir en cada pequeño sacrificio una oportunidad de unión contigo. Que al celebrar tu Pasión y Resurrección, gocemos ya ahora de la comunión que preparas para nosotros. Amén.

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