He venido a dar plenitud

Cuaresma

Miércoles de la III semana

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”. Palabra del Señor.

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Este miércoles de la tercera semana de Cuaresma. Leemos un pasaje delcapítulo 5 del evangelio según san Mateo, correspondiente al Sermón de la Montaña. 

Empieza la explicitación de lo que podríamos llamar la nueva ley que el Señor transmite en este monte, igual que Moisés el monte Horeb. Hay paralelismos entre Jesús y Moisés, pero también diferencias, en el evangelio que leemos Jesús invita a sus discípulos, a diferencia de Moisés, que sólo él subía la monte, aquí suben todos con Jesús. Es como un puente entre las bienaventuranzas, que son la vocación que tienen todos los seguidores de Jesús, aquellos que viven ya en el reino, es decir, con una relación de intimidad profunda, de cariño, de amor, enamorados de Dios y la misión, como enviados al mundo para consolar a los que lloran, para restituir a los que han sido despojados y para darle justicia a quienes tienen hambre y sed de justicia.

Viene de este preámbulo y misión la manera en que estamos invitados a concretar esa misión. El puente es la lectura del día de hoy, que contiene una frase propia de Mateo, que no encontramos en ningún otro evangelista. Esto apunta a la sensibilidad de origen judío del autor, quien quiere asegurar la continuidad entre el pueblo de Israel, la ley, las grandes figuras como Moisés y los profetas, más todos aquellos que fielmente siguen al Señor su Dios, y Jesús, que sería el culmen de todo ese caminar.

Jesús dice que no viene a abolir la ley y los profetas, sino que viene a darles plenitud. La ley y los profetas son las dos columnas de la tradición religiosa y, desde luego, moral y ética del pueblo de Israel. La ley es una descripción del buen vivir que Dios le transmite a su pueblo a través de Moisés.

Desde luego, esto se formula a través de preceptos que hay que seguir, que hay que obedecer. Este es un aspecto propio de un momento en la evolución de la conciencia religiosa de Israel y, podríamos decir, de la humanidad en general. A veces, en la infancia, vivimos en un ambiente familiar en el cual hay preceptos que debemos seguir. Dentro de ese mundo de limitaciones, que son formas no solo restrictivas, sino que nos ayudan a no encerrarnos en nuestro ego, aprendemos a interactuar con otras personas y a reconocer los derechos de los demás.

Sin embargo, llega un momento en el que debemos hacernos cargo de nuestra vida. El Sermón del Monte representa esta invitación a hacerse adultos. El pueblo que está escuchando al Señor Jesús ya no vivirá meramente de preceptos, sino que se trata de introyectar y vivir internamente el dinamismo de una sensibilidad propia del reino, es decir, la sensibilidad de quienes viven en una relación de intimidad profunda con Dios, cuyo enamoramiento se descubre como mutuo: Dios vive enamorado de nosotros. La invitación es a vivir en una reciprocidad de cariño y amor hacia ese Dios.

Las personas así ya no necesitan preceptos, no requieren reglas que obedecer, sino que encuentran en su corazón esta misma disposición de Dios. Contemplan el mundo con una mirada amorosa y enamorada. Interactúan con el mundo y, por lo tanto, se mueven de esa moral de mínimos, esto es, lo mínimo para no romper el orden de Dios, hacia una construcción activa de fraternidad, sororidad y un espacio de encuentro amoroso entre hermanos.

El relato, por lo tanto, nos dice que el Señor, en lo que acabamos de escuchar, lleva esa ley no solamente a través de sus enseñanzas, que es lo que viene después, sino a través de su ejemplo. La vida de Jesús es la plenitud de la ley. Cuando contemplemos, de ahí en adelante, recordamos que estamos al inicio del Evangelio de Mateo, capítulo 5. Todo lo que vamos a ver hasta el final del evangelio es este Señor que modela y ejemplifica lo que consiste en esta plenitud.

Ver e interactuar al Señor Jesús con la gente de su entorno nos permite observar a alguien que es maestro de este buen vivir, porque lo transmite, lo ejemplifica, lo testifica no solo con sus palabras, sino también con sus obras. Al final, esta invitación a no quebrantar, básicamente, no quebrantar la ley, ni la más pequeña letra de la ley, hace referencia al trazo más pequeño y sencillo del alfabeto hebreo y griego. 

Esto subraya la importancia de vivir abiertos y abiertas a este orden de Dios. Recordemos que hay un campo semántico relacionado con el orden y la armonía. Esta especie de equilibrio hermoso es lo que Dios quiere, desde cómo crea hasta cómo lo sostiene; el paso del caos al orden o al cosmos, como aparece en el capítulo 1 del Génesis, cuando Dios empieza la creación y percibe ese orden. 

Cumplir y enseñar, estos dos verbos que utiliza la lectura de hoy, se traducen básicamente en acoger, hacerse consciente, acoger y compartir estos valores, esta manera y sensibilidad de estar en el mundo que el mismo Dios nos enseña. 


[1] Alexander Zatyrka. La Palabra con nosotras, con nosotros. 15 marzo 1883. Youtube

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