¿Cuántas veces tengo que perdonarlo?

Cuaresma

Martes de la III semana

Textos

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” Entonces les dijo Jesús: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Palabra del Señor.

Audio

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Martes de la tercera semana de cuaresma, continuamos nuestro itinerario, en el que la temática fundamental es la comunicación de Dios. Quién la acoge, quién no la acoge y cuáles son las consecuencias de estas dos actitudes; subrayando, desde luego, que la comunicación plena y definitiva de Dios es Jesús de Nazaret. 

Hoy leemos el evangelio de San Mateo 18, 21- 35. El contexto de la enseñanza de hoy, de la escena que contemplamos, es una serie de dichos del Señor alrededor del perdón. La escena está situada en una invitación a reflexionar sobre lo que significa este perdón don, es decir, donar mi capacidad, mi deseo hacia el hermano para que podamos reconciliarnos, para que el vínculo que está roto entre nosotros se pueda restañar, se pueda sanar. 

El texto previo a lo que acabamos de escuchar dice que si tu hermano te ofende, vayas a tratar de reconciliarte con él, a poner las cosas con palabras, a intercambiar de una manera comunicativa los puntos de vista distintos, a ver dónde hubo la ruptura, en dónde se creó la sensación de haber sido ofendido. De hecho, si no se puede hacer entre ellos, la persona que busca la reconciliación debe invitar a un tercero, ir con otra persona para tener esta conversación. Si esta persona facilita el diálogo entre los dos que están en ruptura, el proceso puede continuar. 

Si ni así se puede dar la reconciliación, hay una resistencia de una de las partes. Entonces, se le lleva la comunidad este dato y es la comunidad reunida la que trata de facilitar la reconciliación. Termina diciendo que si ni en la comunidad ni con la comunidad aquella persona acepta la reconciliación, lo mejor es caer en la cuenta de su situación y reconocer que la comunidad ha llegado al límite. Es decir, dejarlo fuera porque es probable que continúe destruyendo las relaciones con otras personas. 

La lectura de hoy sigue la enseñanza del perdón. A través del don de mi voluntad, entregarme gratuitamente, trato de reconciliarme con la persona. Pedro, al intentar pararse un poco, dice: «Ah, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Ustedes saben que el siete es un número perfecto. Es un ofrecimiento generoso de Pedro, ya que el rabino de la época decía que había que perdonar hasta cuatro veces.

El Señor responde que no son siete, sino 70 veces siete, lo que significa que siempre hay que perdonar. Presenta esta parábola del servidor que tenía una deuda impagable. Eran 10,000 talentos, una fortuna que nadie podía pagar. Ante lo impagable de la deuda, el rey mostró gran generosidad y perdonó. Sin embargo, en lugar de alegrarse, el servidor comienza a oprimir a alguien que le debía prácticamente nada, ni la milésima parte de lo que él había debido.

Es importante no perder de vista que nosotros estamos siempre en esta situación. Siempre estamos en la situación de perdón de una deuda impagable. Dios se nos entrega a través de todo lo que nos rodea. Constantemente, tiene esta actitud de generosidad. Sin embargo, si no somos conscientes de ello, hacemos lo que el otro: maltratamos a nuestro prójimo, exigiendo cuentas y demandando que nos satisfagan una deuda que, comparada con la que tenemos con Dios, es ridícula.

La invitación es a vivir constantemente agraciados, reconociendo cómo Dios nos perdona y nos da todo gratuitamente para que así, a su vez, podamos interactuar de manera gratuita con los demás. Nuevamente, vemos el mensaje de esta semana: ¿Quién entiende y vive la comunicación de Dios? ¿Y quién se cierra y queda fuera de la comunicación de Dios? 


[1] Alexander Zatyrka SJ. La palabra con nosotras, con nosotros, 14 marzo 2023. Youtube

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