Cuaresma
Domingo de la I semana – A
Textos
† Del evangelio según san Mateo (4, 1-11)
En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre.
Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.
Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”.
Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.
Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”.
Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.
Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle. Palabra del Señor.
Mensaje [1]
Hemos llegado al primer domingo de Cuaresma de este ciclo que comenzó en noviembre del año pasado, dedicado al evangelio de Mateo. Como lema, se destaca una de las comunicaciones más profundas que el Señor nos transmite en la lectura del evangelio de hoy: lo que realmente nos alimenta, nos nutre y nos permite crecer con fuerza para vivir plenamente es el Dios que se nos revela en su Palabra.
La primera lectura de este domingo proviene del libro del Génesis, capítulo 2, versículos 7 al 9, y luego pasamos al capítulo 3, versículos del 1 al 7. Escucharemos, por lo tanto, segmentos del segundo relato de la creación del ser humano. En el capítulo 1 se narra que, en el sexto día, Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, hombre y mujer; y luego descansó al séptimo día. Posteriormente, en el capítulo 2, se presenta otra narrativa sobre la creación, proveniente probablemente de una fuente diferente, pero que los redactores del libro del Génesis consideraron importante incluir. Estos dos capítulos son parte de una narrativa catequética que transmite verdades significativas sobre nuestra realidad humana y el misterio de Dios.
El texto presenta a la primera pareja habitando en el Jardín del Edén, un espacio que Dios preparó para su disfrute, donde convivían con Él, quien los visitaba en la brisa de la tarde. Sin embargo, aparece un personaje, la serpiente, que los engaña, persuadiéndolos de que la felicidad no reside en la comunión y en el amor que compartían con Dios, sino en la autosuficiencia. De esta manera, comienza a surgir en el corazón de Adán y Eva un sentimiento de avaricia y afán de posesión, edificado en la creencia errónea de que su alegría provendría de objetos y no del amor entre personas. Por primera vez, Adán y Eva arrebatan algo que no les había sido dado gratuitamente y, en consecuencia, se ven alejados de la dimensión de la gratuidad y del amor compartido, distorsionando así su relación con el entorno material y con ellos mismos. Surgen, entonces, emociones que nunca habían experimentado, tales como la vergüenza y una percepción distorsionada de su propia identidad.
La tercera distorsión se manifiesta en la creación de un ídolo, una proyección de una imagen falsa de Dios, que se convierte en un ego vengativo, llevando a Adán y Eva al miedo. Así, su visión del mundo se distorsiona, afectando negativamente su relación con Dios, consigo mismos y con los demás. Es importante recordar que el pecado fundamental de Adán y Eva implica una intención de prescindir del otro, buscando construir una vida en soledad y encerrados en su propio ego, lo que provoca una ruptura definitiva de la comunión.
En el Salmo responsorial, escuchamos un salmo muy profundo, conocido como el Miserere que en latín significa «Apiádate de mí». Este es el canto de una persona que reconoce sus faltas ante Dios, expresando poéticamente el dolor por las consecuencias del pecado y la traición a un amor tan grande como el divino. Desde esta perspectiva, el salmista nos conduce a la esperanza del perdón, la reconciliación y la renovación en la comunión constante con Dios, solicitando la creación de un corazón puro y un espíritu nuevo.
La segunda lectura proviene de la carta del apóstol San Pablo a los romanos, conocida como el «evangelio de Pablo» por su profundidad teológica. En esta carta, se establece una antítesis entre el primer Adán y el segundo Adán, que es Jesús. La consecuencia del primer pecado implica que toda la humanidad está sujeta a una inclinación hacia la perversión. Pablo, en su escritura, nos advierte sobre el peligro de desviar los dones que Dios nos ha otorgado y de perder la imagen del prójimo como una bendición.
Cristo, como el segundo Adán, viene a sanar nuestra percepción distorsionada, invitándonos a vivir en plena comunión con el Padre a través de la obediencia y la entrega. Este concepto se conecta con el evangelio del día, tomado del capítulo 4 de Mateo, que presenta las tentaciones de Jesús en el desierto, experiencia fundamental en la vida pública del Señor. Esta etapa de su vida está marcada por el reconocimiento de Dios como un Padre amoroso. El desierto representa un lugar de confrontación con nuestras inseguridades y desafíos internos, llevándonos a reflexionar sobre cómo comenzamos nuestra misión en la vida.
Es crucial ser conscientes de a quién permitimos influir en nuestras decisiones, pues las tentaciones son engaños que buscan desviarnos de la comunión con Dios. La riqueza, el poder y la imagen se presentan como las tentaciones más insidiosas que nos alejan del amor verdadero y de nuestra identidad. El Señor nos recuerda que debemos adorar a Dios y servirle únicamente a Él.
En esta primera semana de Cuaresma, reflexionemos sobre sus propias heridas y experiencias, acercándonos a Cristo en busca de sanación. Al contemplar a Jesús, encontramos un amor incondicional que nos permite sanar y liberarnos de las ataduras del ego. Que este tiempo de Cuaresma sea una oportunidad para abrir nuestro corazón a Dios, que desea llevarnos de regreso a la inocencia y a la capacidad de amar sin causar daño.
[1] Sintetizado de: Zatyrka Alexander. I Domingo de Cuaresma A. Youtube.
