Cuaresma
Viernes después de Ceniza
Textos
† Del evangelio según san Mateo (9, 14-15)
En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les espondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán”. Palabra del Señor.
Mensaje
1. Contexto litúrgico
Hoy, viernes después de Ceniza, la Iglesia nos introduce de lleno en la cuaresma: un tiempo de purificación, de conversión y de preparación para la Pascua. Venimos del gesto del Miércoles de Ceniza, que nos recuerda nuestra fragilidad: “polvo eres y al polvo volverás” y el llamado a “convertirnos y creer en el Evangelio” (Marcos 1,15).
2. Clave para la apropiación del evangelio
En Mateo 9,14-15 los discípulos de Juan preguntan a Jesús por qué sus discípulos no ayunan. Jesús responde con la imagen nupcial: mientras el Esposo (él mismo) está presente, hay motivo de fiesta y no de luto; pero llegará el día en que lo apartarán, y entonces ayunarán.
Jesús es el Novio que trae la plena revelación del amor de Dios. Al estar él “con nosotros”, deja de ser el ayuno una práctica penosa y se convierte en comunión gozosa. El ayuno cuaresmal anuncia un “después”: el recuerdo de la pasión y, al final, la gran fiesta de su resurrección.
3. El ego y la necesidad de purificación
Las viejas prácticas religiosas del corazón duro se reducen a meros cumplimientos. El ego herido busca satisfacciones sensoriales (comer, beber, placeres) o intelectuales (tener siempre la razón, corregir). La cuaresma propone dos “medicinas”: mortificación: ayuno, abstinencia, vigilia para debilitar al ego sensorial Y Abnegación u obediencia: renunciar a imponer nuestra opinión, supeditar decisiones, para domar el ego intelectual.
La cuaresma es propicia para el crecimiento en la vida espiritual en la que tradicionalmente se distinguen tres etapas: vía purgativa: liberarnos de todo lo que nos aleja de Dios; vía iluminativa: dejarse iluminar por la Palabra y los sacramentos, entender nuestra vocación; vía unitiva: llegar a la comunión profunda con Dios y los hermanos.
4. Actualización para la vida
La cuaresma puede traducirse en pequeños ayunos digitales (menos redes sociales), en sacrificios de tiempo —por ejemplo, dedicar cada día 10 minutos al examen de conciencia— y en gestos de servicio: escuchar sin interrumpir, ceder el turno de palabra, ofrecer ayuda al compañero necesitado. Así vamos purgando el ego y abriendo el corazón a la alegría del Resucitado.
Oración
Señor Jesús, tú que eres Novio y Amigo fiel, danos la gracia de vivir esta cuaresma con verdadero espíritu de penitencia y conversión. Ayúdanos a dominar los caprichos de nuestro ego, a practicar el ayuno y la abnegación con generosidad, y a descubrir en cada pequeño sacrificio una oportunidad de unión contigo. Que al celebrar tu Pasión y Resurrección, gocemos ya ahora de la comunión que preparas para nosotros. Amén.
