Vio a Leví… y le dijo: “Sígueme”

Tiempo Ordinario

Sábado de la I Semana

+ Del evangelio según san Marcos (2, 13-17)

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían.

Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: “¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?” Habiendo oído esto, Jesús les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores”. Palabra del Señor.

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La vocación de Leví sirve de introducción al tema de este relato: Jesús andaba con «malas compañías». Un motivo más de escándalo. Esto constituía, en las culturas mediterráneas del s.I, un problema más serio de lo que imaginamos. Por la importancia determinante que tenía el hecho de comer juntos. Y, sobre todo, porque, como ha dicho J.P. Sanders, al comer con publicanos y pecadores, Jesús se unía, no solo a personas «impuras» {religiosamente), sino además a personas «malvadas» (éticamente). Jesús daba pie para que se pensara de él que no era una «persona de orden».

Semejante conducta tenía que resultar escandalosa. Esto alejaba a muchos de sus enseñanzas. Pero, si los evangelios dejaron constancia de ello, es que Jesús lo hacía así. Y vivía así. ¿Por qué? ¿Para qué? Para dar razón de por qué los primeros cristianos no excluyeron nunca a nadie y para explicar por qué los seguidores de Jesús vivían en los márgenes de la sociedad. Sencillamente eran «gente marginal».

Si los primeros cristianos recordaban así a Jesús, es que Jesús puso en marcha este movimiento.- No temió escandalizar. Ni alejar a los «selectos». Jesús hizo esto porque se dio cuenta de que, en este mundo, hay grupos selectos y ejemplares que, por ser como son y ser vistos como a ellos les gusta, se alejan de los impuros y los malvados. Por esto es una fuente inagotable de deshumanización. Semejante horror no tiene más solución que hacer lo que hizo Jesús, aunque nunca le dijo a nadie que se fuera a comer con los indeseables. ¿No es todo esto una exigencia que la Iglesia no acepta? ¿No tendríamos que tomar en serio todo esto quienes pretendemos ser seguidores de Jesús? ¿Quiénes son hoy esos publicanos y pecadores que debieran estar sentados en la mesa de los cristianos?

Nuestras presentaciones de dignidad intachable nos alejan del Evangelio.


[1] J.M. Castillo, La religión de Jesús, 31-32.

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