Recorrió toda Galilea

Tiempo Ordinario

Miércoles de la I Semana

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. El se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. El les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios. Palabra del Señor.

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Este relato nos presenta lo que era, y cómo transcurría, un día corriente en la vida de Jesús. Se destacan tres cosas: 1) Oración en sitios solitarios. 2) Atención y dedicación a remediar, en lo posible, a personas que se veían en situaciones de sufrimiento. 3) Especial cuidado cuando se trataba de aquellos sectores de la sociedad que solían verse peor tratados, por ejemplo, las mujeres, como queda patente en este caso, al curar a la suegra de Pedro.

Estos hechos y este resumen de lo que era, y cómo era, la vida de Jesús nos dice, con toda claridad, que Jesús fue un hombre profundamente religioso. Dicho de otra manera, se puede asegurar que la experiencia central y determinante de Jesús fue la experiencia de Dios, presente en su vida constantemente. Pero la novedad del Evangelio está en que nos presenta, precisamente en la vida de Jesús, otra forma de entender y vivir la religiosidad. Porque fue una religiosidad que no tuvo en cuenta lo sagrado, lo ritual, lo legal. Su centro no estaba en nada de eso, sino en una relación personal con Dios, en su escucha en la oración y su presencia en cada ser humano.

Jesús vio que necesitaba la presencia y la ayuda del Padre. Por eso rezaba tanto. Y por eso también hablaba tanto del Padre. Pero Jesús no se limitaba a buscar al Padre-Dios en el templo, buscaba momentos para estar a solas con Él. Jesús vio que había que llevar  a Dios a los enfermos, en las gentes que lo pasan mal, en las mujeres que se suelen ser tratadas como inferiores a los hombres. Estas cosas son las que llenan las páginas de los evangelios. Y las que tendrían que llenar y dar sentido a nuestras vidas.

Las acciones de Jesús que sorprenden son aquellas que son extraordinarias, pero cuesta caer en la cuenta de que él también necesitaba ponerse en manos del Padre, lo mismo a todos los que a él se acercaban. ¿Quiénes requieren de mi oración hoy? (Castillo, 2024, p. 28-29)


[1] J.M. Castillo, La religión de Jesús, 28-29.

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