Preparen el camino

Lunes de la I Semana

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico y sufre mucho”. El le contestó: “Voy a curarlo”.

Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”. Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande.

Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos”. Palabra del Señor.

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Por más extraño que parezca, hablando con propiedad, los evangelios no son libros de religión. Porque ¿cómo puede ser un libro de religión una recopilación de relatos en la que el protagonista de esos relatos, Jesús de Nazaret, fue perseguido, odiado, condenado y asesinado por la religión y sus dirigentes? Los evangelios son un proyecto de vida. Es decir, los evangelios nos enseñan cómo tenemos que vivir quienes pensamos y decimos que creemos en Jesús y seguimos a Jesús.

2. En este relato, Jesús elogia la fe de un centurión romano. Y la elogia hasta el extremo de afirmar, en público, que nadie en Israel tenía tanta fe como aquel extranjero. No cabe duda de que Jesús entendía la fe, no como un «acto religioso», sino como un «comportamiento humano». Sin duda alguna, se trata del comportamiento de aquel hombre importante ante el sufrimiento de un sirviente, quizá incluso un esclavo. La salvación es un don de Dios y nadie la tiene asegurada por pertenecer a un país determinado, ni a una raza, ni por el mero hecho de estar bautizado. Es más, otros, aunque «no sean de los nuestros», pueden ser modelos en el ejercicio de la misericordia. Y ellos se sentarán en el banquete del reino. Es una llamada a revisar si nuestra vida es coherente con el Evangelio. 

3. Una persona cree en Jesús en la medida en que no soporta el sufrimiento de quienes se ven amenazados, hundidos en el dolor, desatendidos y sin esperanza. En este mundo, en el que tanto se sufre, una persona que va por la vida como en este episodio se muestra el centurión, esa persona cree en Jesús en la medida en que ve, en la vida de Jesús, la solución para tanta desgracia y tanto dolor. La fe es ver, en el «proyecto de vida» que vivió Jesús, la solución al dolor y descomposición de este mundo.


[1] La religión de Jesús: comentarios al Evangelio diario, 2021, Bilbao

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