
Tiempo Ordinario
Martes de la XXXII semana
† Del evangelio según san Lucas (17, 7-10)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación? Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’ ”. Palabra del Señor.
Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez
Tras haber tratado el tema de la vigilancia sobre nosotros mismos, el evangelista Lucas, en el itinerario que conduce a una caridad que es fe recibida y responsablemente vivida, presenta otra actitud que se pide a los discípulos de Jesús: la conciencia de la propia inutilidad.
Somos siervos de los que no hay necesidad. Jesús condena la presunción de justicia de los fariseos (cf. Lc 18,9) que, con una religiosidad de fachada basada en la acumulación de obras, esperan su recompensa de Dios: no espera recompensa alguna el pobre que se sabe por completo en manos de Dios.
No debemos esperar recompensa, pues no hay motivo de gloria en lo que hacemos: como dirá san Pablo, «anunciar el Evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que tengo» (1 Cor 9,16). Quien es consciente de estar constantemente en deuda de amor con Dios, quien sabe que su vida es fruto de un don exagerado -perdón-, no espera ninguna gracia de aquel a quien presta servicio, porque su misma existencia es gracia recibida: el señor no está «obligado» respecto al siervo.
También el siervo podrá comer y beber después, participar en la alegría de su señor (cf Mt 25,21), pero no en seguida: antes es preciso estar preparados «con la cintura ceñida y la lámpara encendida», en actitud de servicio, esperando a su señor.
[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año.12., 305-306.