Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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Los samaritanos no quisieron recibirlo

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en camino 

Tiempo Ordinario

Martes de la XXVI semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 51-56)

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén.

Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?” Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió. Después se fueron a otra aldea. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Con este pasaje Lucas empieza el viaje de Jesús con los discípulos hacia Jerusalén. Jesús sabía que el Evangelio -aun a costa de su vida- debía ser predicado en Jerusalén, esto es, en el corazón político y religioso del pueblo de Israel.

Los discípulos querían detenerlo, pero Jesús «tomó la firme determinación». No se quedó en los lugares que para él eran habituales y seguros, a salvo de la violencia de los enemigos. En definitiva, no quiso ceder a la tentación de la tranquilidad de su entorno habitual, como sí hacemos a menudo muchos de nosotros, que tal vez nos amparamos en la excusa de nuestras limitaciones, de nuestra diócesis, de nuestra parroquia, de nuestros barrios, etcétera.

El papa Francisco repite que el Evangelio debe ir por las calles y recorrer las periferias humanas y de la existencia. Allí está su destino, porque allí es donde debe llevar liberación y alivio.

Desde el inicio de su predicación, es más, desde el inicio de su misma vida -solo hay que recordar la violencia homicida que Herodes, en su afán por acabar con el rey de Israel profetizado, descargó en el episodio de la matanza de los niños inocentes-, Jesús encuentra hostilidad y rechazo, pero nada le detiene. La obediencia al Padre y la urgencia de comunicar el Evangelio del amor tienen el primado absoluto en su vida. Por eso con decisión, es decir, obedeciendo gustosamente y con radicalidad a Dios, sale hacia Jerusalén.

El evangelista indica que envió delante de él a algunos discípulos con el encargo de «conseguirle alojamiento». La primera etapa era un pueblo de Samaria. Al llegar al pueblo los discípulos se encuentran frente a un claro rechazo por parte de los samaritanos del lugar. Era tanta su hostilidad hacia la capital judía que no querían que fueran hacia Jerusalén. Santiago y Juan -enojados con razón- querrían exterminar todo el pueblo. Pero Jesús contesta con el amor ante la frialdad de aquellos que no quieren acogerle y reprocha duramente -según el evangelista Lucas- el «celo» violento de los dos discípulos.

Una vez más se ve con claridad la visión evangélica de la vida que Jesús nos propone: para él no hay enemigos contra los que luchar o a los que destruir, sino únicamente personas a las que amar para que sean fraternas. Y los discípulos están llamados a continuar su misión de preparar los corazones de los hombres para acoger al Señor, sabiendo que Él no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 366-367.

… tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto

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Tiempo Ordinario

Sábado de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 43-45)

En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: “Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.

Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El evangelio de hoy nos habla del segundo anuncio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. 

Los discípulos no entendieron la palabra sobre la cruz, porque no son capaces de entender ni di aceptar a un Mesías que se hace siervo de los hermanos. Ellos siguen soñando con un mesías glorioso.

Hay un contraste muy grande: Por un lado la gente vibra y admira todo lo que Jesús hace y dice. Jesús representa todo lo que la gente sueña, cree y espera. Por otro lado, la afirmación de Jesús que será entregado en manos de los hombres; la opinión de las autoridades sobre Jesús es totalmente contraria a la opinión de la gente.

Los discípulos lo escuchaban, pero no entendían las palabras sobre la cruz. Pero con todo, no piden aclaraciones. ¡Tienen miedo en dejar aflorar su ignorancia!

Los discípulos de Jesús no eran capaces de aceptar la figura de un Mesías siervo y menos aún, derrotado. Esperaban un Mesías vencedor al estilo del mundo y no un Mesías que salva entregando su vida para dar vida.

El título de Hijo del Hombre aparece con gran frecuencia en los evangelios. Al presentarse a los discípulos como Hijo del Hombre, Jesús asume como suya esta misión que es la misión de todo el Pueblo de Dios. Y es como si les dijera a ellos y a todos nosotros: “¡Vengan conmigo! Esta misión no es sólo mía, sino que es de todos nosotros. ¡Vamos juntos a realizar la misión que Dios nos ha entregado, a realizar el Reino, humano y humanizador, que él soñó!” 

La misión del Hijo del Hombre, esto es, del pueblo de Dios, consiste en realizar el Reino de Dios como un reino humano. Reino que no persigue la vida, ¡sino que la promueve! Humaniza a las personas. Todo aquello que deshumaniza a las personas aleja de Dios. Fue lo que Jesús condenó, colocando el bien de la persona humana como prioridad encima de las leyes, encima del sábado.

Por causa de esta afirmación fue declarado reo de muerte por las autoridades. El mismo sabía de esto, pues había dicho: “El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate de muchos”.

Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”

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Tiempo Ordinario

Viernes de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 18-22)

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado”.

El les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El capítulo 9 de Lucas gira en torno a la cuestión de la identidad de Jesús y el texto que leemos hoy, tomado de los versículos 18-22,  da luz clara al respecto.

Los relatos de la reacción de Herodes frente a la identidad de Jesús y de la multiplicación de los panes, nos abren las puertas para un momento grandioso en el evangelio: la confesión de fe de Pedro y el primer anuncio de la pasión por parte de Jesús.

Lucas no nos dice en qué lugar se realizó la confesión de fe, más bien se preocupa por decirnos que el ambiente en la cual se realizó fue de oración.

Lucas presenta a Jesús orando precisamente en los momentos más importantes de su ministerio; esto significa que los acontecimientos están insertos dentro del querer del Padre, 

Descubrir la identidad de Jesús no es de ninguna manera algo secundario, es fundamental para el proceso que viene conduciendo el evangelio y que culminará en el relato de los peregrinos de Emaús, cuando los discípulos captarán a fondo el sentido de las palabras, las obras y la muerte del Señor.

Jesús retoma el camino recorrido para ver qué es lo que han entendido acerca de él; no lo hace en medio del bullicio de la gente, sino lejos, en momento de retiro y de silencio. Un espacio así nos invita a pensar y a hacer síntesis de lo que estamos viviendo.

El interrogatorio tiene dos preguntas: primero, qué dice la gente  y segundo, qué dicen los discípulos acerca de la identidad de Jesús.

Los discípulos han vivido junto a la gente la mayor parte de los acontecimientos que ha narrado el evangelio: las curaciones, los exorcismos, las enseñanzas, y por lo tanto, a la par de la gente, han podido hacerse una idea del Maestro. La opinión popular, según la cual Jesús podría ser Juan Bautista o uno de los profetas resucitados, ya había presentada. El mismo Herodes había descartado la primera posibilidad. Sólo quedaba la segunda, la del “profeta” escatológico; pero había que especificarla.

La pregunta dirigida a los discípulos, los que han estado con el Maestro desde el principio del ministerio y que no han faltado a ningún acto importante de la revelación de Jesús, invita a dar el paso que no ha dado la gente: reconocer la absoluta singularidad de su persona. 

Pedro dice que Jesús es “el Mesías de Dios”. Pedro capta la novedad de Jesús, una novedad que está en sintonía con la larga espera del pueblo de Israel: el  Mesías. El “Cristo” ha llegado y no hay que esperar más, en él está todo. Dios está obrando en medio de nosotros.

Pero a Pedro todavía le falta otra novedad por comprender: que el destino de gloria del Mesías llega por la vía de su sufrimiento, que es por medio de la oscuridad de la Cruz que se vislumbrará la extraordinaria grandeza, la gloria y el poderío de su Maestro.

La respuesta personal sobre la identidad de Jesús es decisiva en el camino del discipulado; la de Pedro es nuestro modelo; respuesta precisa pero existencialmente imperfecta, sólo el camino de la Cruz la llevará a plenitud.