Ecos de la Palabra

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Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”

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Tiempo Ordinario

Viernes de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 18-22)

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado”.

El les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El capítulo 9 de Lucas gira en torno a la cuestión de la identidad de Jesús y el texto que leemos hoy, tomado de los versículos 18-22,  da luz clara al respecto.

Los relatos de la reacción de Herodes frente a la identidad de Jesús y de la multiplicación de los panes, nos abren las puertas para un momento grandioso en el evangelio: la confesión de fe de Pedro y el primer anuncio de la pasión por parte de Jesús.

Lucas no nos dice en qué lugar se realizó la confesión de fe, más bien se preocupa por decirnos que el ambiente en la cual se realizó fue de oración.

Lucas presenta a Jesús orando precisamente en los momentos más importantes de su ministerio; esto significa que los acontecimientos están insertos dentro del querer del Padre, 

Descubrir la identidad de Jesús no es de ninguna manera algo secundario, es fundamental para el proceso que viene conduciendo el evangelio y que culminará en el relato de los peregrinos de Emaús, cuando los discípulos captarán a fondo el sentido de las palabras, las obras y la muerte del Señor.

Jesús retoma el camino recorrido para ver qué es lo que han entendido acerca de él; no lo hace en medio del bullicio de la gente, sino lejos, en momento de retiro y de silencio. Un espacio así nos invita a pensar y a hacer síntesis de lo que estamos viviendo.

El interrogatorio tiene dos preguntas: primero, qué dice la gente  y segundo, qué dicen los discípulos acerca de la identidad de Jesús.

Los discípulos han vivido junto a la gente la mayor parte de los acontecimientos que ha narrado el evangelio: las curaciones, los exorcismos, las enseñanzas, y por lo tanto, a la par de la gente, han podido hacerse una idea del Maestro. La opinión popular, según la cual Jesús podría ser Juan Bautista o uno de los profetas resucitados, ya había presentada. El mismo Herodes había descartado la primera posibilidad. Sólo quedaba la segunda, la del “profeta” escatológico; pero había que especificarla.

La pregunta dirigida a los discípulos, los que han estado con el Maestro desde el principio del ministerio y que no han faltado a ningún acto importante de la revelación de Jesús, invita a dar el paso que no ha dado la gente: reconocer la absoluta singularidad de su persona. 

Pedro dice que Jesús es “el Mesías de Dios”. Pedro capta la novedad de Jesús, una novedad que está en sintonía con la larga espera del pueblo de Israel: el  Mesías. El “Cristo” ha llegado y no hay que esperar más, en él está todo. Dios está obrando en medio de nosotros.

Pero a Pedro todavía le falta otra novedad por comprender: que el destino de gloria del Mesías llega por la vía de su sufrimiento, que es por medio de la oscuridad de la Cruz que se vislumbrará la extraordinaria grandeza, la gloria y el poderío de su Maestro.

La respuesta personal sobre la identidad de Jesús es decisiva en el camino del discipulado; la de Pedro es nuestro modelo; respuesta precisa pero existencialmente imperfecta, sólo el camino de la Cruz la llevará a plenitud.

Herodes tenía curiosidad de ver a Jesús

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Tiempo Ordinario

Jueves de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 7-9)

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar.

¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a JesúsPalabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

La misión realizada por los discípulos suscita interés por conocer a fondo la identidad de Jesús.  El evangelio de hoy narra cómo hasta el tetrarca Herodes estaba interesado en conocer a Jesús.

Nuestro breve relato hoy nos presenta un proceso que va del “oír” al “ver”. El tetrarca Herodes “oyó” el anuncio de los hechos de  Jesús anunciado por los discípulos; entonces, buscaba “ver” a Jesús y se preguntaba:  «¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?»

Con los verbos se han descrito dos pasos del proceso que conduce a la fe. Sin embargo, se hace notar que el interés de Herodes por Jesús responde más que todo a un impulso de curiosidad. Con todo, su pregunta  “¿Quién es éste?” es el preludio del interrogatorio que Jesús mismo está a punto de hacerles a sus discípulos y que llevará a Pedro a hacer su confesión de fe. 

La pregunta que plantea Herodes es provocada por la narración de todo lo que Jesús ha realizado hasta ese momento y de lo cual el mismo evangelio ha dado testimonio. Lucas nos enseña así que el camino de la confesión de fe sólo es posible a partir de la audición y el discernimiento de las obras de Jesús; sólo así se conseguirá captar a fondo su identidad. La pregunta que plantea Herodes es una invitación para contemplar la escena que sigue: la multiplicación de los panes y de los peces. En ese relato se revelará con mayor claridad la identidad mesiánica del Maestro.

Herodes intenta reflexionar y encuadra la identidad de la persona de Jesús planteando tres hipótesis, que son falsas, pero que hacen evidentes las primera rutas que se recorrieron para profundizar el misterio de Cristo.

En primer lugar, Jesús NO ES Juan Bautista. El mismo san Lucas estableció en los primeros capítulos del evangelio un paralelismo que permitió delinear con nitidez lo propio de de Juan y lo propio de Jesús, destacando la diferente identidad y misión de ambos y su punto de encuentro.

Parece que Herodes no sabe que cuando Jesús comenzó su misión, el Bautista todavía estaba vivo, de ahí que Jesús no puede ser el mismo Juan Bautista resucitado. Tampoco sabe que Jesús no es el único en hacer obras de poder, ya que en la anunciación del nacimiento de Juan Bautista se había predicho que él caminaría ante Dios “con el espíritu y el poder de Elías”. Sin embargo las obras de Jesús no tienen comparación, por lo extraordinarias que son, con relación a las de Juan.

En segundo lugar, Jesús NO ES el profeta Elías NI uno de los antiguos profetas. En aquella época se creía que el profeta Elías, quien había sido arrebatado de este mundo al cielo, debía volver antes del Día Final. Esta es la base de la hipótesis citada, según la cual “Elías se había aparecido”. 

La gente también recordaba que Moisés había predicho que en el futuro vendría un profeta como él (Cf. Dt 18,15.18), el cual sería el Mesías. Por eso la otra hipótesis según la cual Jesús seria “uno de los antiguos profetas” que habría “resucitado”. Pero hay que tener en cuenta que el Mesías no sería “uno de los antiguos profetas”, sino “el” profeta por excelencia.

Estas dos hipótesis mencionadas, si bien no alcanzan a describir la identidad de Jesús, de todas formas nos colocan en la dirección correcta. Como se verá más adelante en el relato de la transfiguración tanto Elías como Moisés rodearán a Jesús e iluminarán, con sus respectivos ministerios proféticos, el misterio del Señor.

En tercer lugar, queda la pregunta: «¿Quién es éste?» Herodes no consigue llegar a una conclusión y decide verificar por sí mismo, por eso “buscaba ver” personalmente a Jesús. 

En el momento de la pasión de Jesús se le concederá verlo; entonces revelará que su inquietud era sólo curiosidad, su actitud será de burla y desprecio. En ese momento se dice que “esperaba presenciar alguna señal que él hiciera”, pero Jesús no le dio gusto; si se quiere comprender al Maestro, el único camino es el de la contemplación de la Cruz.

Lo de Herodes sólo era curiosidad. Para encontrar al Señor hay que «salir» del laberinto del propio ego. El encuentro con Jesús es personal, directo y sencillo. Herodes no lo entendió, no quería cambiar, estaba atrapado en si mismo.

Los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos

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Tiempo Ordinario

Miércoles de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 1-6)

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.

Y les dijo: “No lleven nada para el camino: ni bastón, ni morral, ni comida, ni dinero, ni dos túnicas. Quédense en la casa donde se alojen, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación”.

Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el evangelio de hoy, después del encuentro con su madre, vemos a Jesús que sigue con su misión. 

El evangelio pasa entonces del discurso a las obras de Jesús. Allí los discípulos siguen contemplando las acciones salvíficas del Maestro y aprendiendo que en sus obras hay también una enseñanza que aprender. Jesús calma una tempestad; cura al endemoniado de Gerasa; cura a la hemorroísa; resucita a la hija de Jairo.

En toda esta revelación progresiva, a través de cuatro milagros, quienes habían sido escogidos por Jesús pudieron apreciar quiénes eran los destinatarios de la Buena Nueva del Reino, los contenidos y la finalidad de la misión del Maestro. Y ahora les toca el turno a los apóstoles, porque para eso fueron llamados.

Para Lucas la misión de los discípulos es una extensión de la misión de Jesús. Veámoslo de cerca siguiendo el orden del relato de envío:

En primer lugarla fórmula de envío. Esta primera parte concentra las palabras más densas de Jesús con relación a la misión: Los Doce son convocados solemnemente por Jesús; es como si los volviera a llamar. Jesús les da investidura para que ejerzan la misión con autoridad. Los especialistas dicen que el texto griego deja entender que les comunica  la misma fuerza que lo ha acompañado en el combate contra el demonio y el mismo poder con que ha hecho curaciones. La misión apunta a la victoria sobre el mal -los demonios- y a la recuperación del hombre -superación de las enfermedades-. La obra de los apóstoles va más allá de los exorcismos y de los milagros en sí mismos, sus acciones son signo de lo que se proclama de viva voz: ¡Ha llegado el Reino de Dios!

En segundo lugarlas instrucciones sobre el comportamiento durante la misión. Jesús los ha dotado de autoridad y poder, los apóstoles por su parte deben renunciar a sus seguridades habituales. Por eso Jesús los instruye para  que «No lleven nada para el camino». Los apóstoles: viajan como personas que van de prisa, que deben cubrir una gran distancia en un tiempo reducido; confían plenamente en la providencia de Dios; dejan todo para recibirlo todo de Dios. Su renuncia es signo de su fe en que Dios Padre, origen de la misión suplirá sus necesidades; están siempre y completamente disponibles para el trabajo evangélico.

Igualmente deben saber vivir la acogida y el rechazo; saben recibir lo que les ofrezcan en la misión y no intentan buscar un mejor alojamiento en otra parte; saben vivir el fracaso en la tarea apostólica con la acción simbólica de sacudir el polvo de los pies, eximiéndose así de toda responsabilidad en la condenación de quien ha rechazado voluntariamente a Jesús y como testimonio de acusación para el día del juicio.

En tercer lugaruna breve descripción de la misión. Lucas nos informa que los Doce hicieron al pie de la letra aquello para lo cual fueron enviados: «Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes». Es así como testimonian el mensaje, con las mismas obras de Jesús.