Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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¿Por qué piensan mal en sus corazones?

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Tiempo Ordinario

Jueves de la XIII semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (9, 1-8)

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad.

En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”.

Al oír esto, algunos escribas pensaron: “Este hombre está blasfemando”. Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, —le dijo entonces al paralítico—: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el evangelio de hoy contemplamos la curación de un paralítico. En el relato la curación se describe en dos niveles: el espiritual y el físico; se expresa en dos frases que Jesús dirige al hombre enfermo.

La primera frase “ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados”, es una declaración; por el poder de la palabra de Jesús el hombre enfermo quedó perdonado.  La segunda, “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”, es una orden, que contiene tres imperativos que expresan el sentido y finalidad de la curación; ésta se expresa en términos de resurrección (levantarse) y de movimiento, ponerse en pie y caminar; es el movimiento de un hombre nuevo, cuya vida se ha renovado por la fuerza del evangelio de Jesús.

Aparecen en la escena los escribas que ven lo sucedido y en su pensamiento hacen una valoración negativa de las primeras palabras Jesús, calificándolas de blasfemia. Jesús «conociendo sus pensamientos», sale al frente de la crítica antes de continuar con el milagro. Los invita a revisar su actitud negativa: «¿Por qué piensan mal en sus corazones?» y enseguida va al núcleo del problema que es la relación entre la salud y el pecado.

Los escribas no reconocen la manifestación de Dios en Jesús, contrasta su falta de fe con la de los que le llevaron al paralítico. Jesus los confronta señalando el alcance de su poder: «pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados» y les hace ver que la acción de Dios en la vida de una persona, abarca todas las dimensiones de su existencia.

Los milagros de Jesús no son simples favores para alivar los dolores de una enfermedad, significan la recuperación del hombre entero y por tanto la experiencia de una vida nueva, que se expresa en la reincorporación al seno familiar del que yacía imposbilitado para ser dueño de su propia vida.

Pero había otros testigos, gente que, al ver aquel milagro «se llenó de temor y glorificó a Dios», que fue capaz de ir más allá del milagro y de ver el misterio de Dios revelado en Jesús.

Una lectura o escucha atenta del texto nos permite descubrir cuatro actitudes en los personajes del evangelio: la del paralitico, la de  quienes lo llevan ante Jesus, la de los escribas y la de la gente del pueblo.  ¿Con cual de estas actitudes te identificas?

 

Dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro

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enedemoniados

Tiempo Ordinario

Miércoles de la XIII semana

Textos

+ Del evangelio según san Mateo (8, 28-34)

En aquel tiempo, cuando Jesús desembarcó en la otra orilla del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro.

Eran tan feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los endemoniados le gritaron a Jesús: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?” No lejos de ahí había una numerosa piara de cerdos que estaban comiendo.

Los demonios le suplicaron a Jesús: “Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos”. El les respondió: “Está bien”.

Entonces los demonios salieron de los hombres, se metieron en los cerdos y toda la piara se precipitó en el lago por un despeñadero y los cerdos se ahogaron.

Los que cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados.

Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

La orilla oriental del mar de Galilea, a la que llega Jesús, limita con la región semipagana de las diez ciudades, conocida como Decápolis; una de esas ciudades es Garlara, pequeña localidad situada en una zona llena de cuevas.

Dos personas que no son dueñas de sus actos salen de una de aquellas cuevas y corren hacia Jesús. Puede parecer extraño, pero nuestras ciudades y pueblos se parecen a un conjunto de cuevas, oscuras, habitadas por hombres aislados, incapaces de dialogar, de encontrarse con los demás, de relacionarse.

No conocemos la historia de aquellos dos hombres. Jesús no los juzga y no tiene miedo de ellos, al contrario de los hombres, que con su actitud agudizan la penosa y violenta situación en la que viven aquellos que no son dueños de sus actos. ¡Cuántos espíritus de soledad y de división se convierten en auténticas patologías! Pensemos en el rencor que se transforma en odio; en la maledicencia, que siempre siembra división y nos hace mudos y sordos. La vida acaba siendo como aquellos desiertos espirituales y humanos en los que los hombres son incapaces de pensar en un futuro común.

Los dos hombres agreden a Jesús: «¿Qué tenemos nosotros contigo? », «¿Qué tienes tú que ver con nuestra vida?». El maestro sabe reconocer qué piden en realidad aquellos dos, entiende que están pidiendo ser liberados, aunque lo expresan de manera negativa. Jesús quiere que cada persona sea dueña de su vida y tiene el poder de expulsar los numerosos espíritus de división, realmente inmundos porque ofuscan nuestra humanidad y belleza. Los habitantes de la ciudad quedan atónitos por lo sucedido y, puesto que la piara tenía un elevado valor, invitan a Jesús a alejarse de aquel territorio.

Frente a los cambios que hay que hacer para disfrutar de una vida más digna -tal vez ese es el significado de la muerte de la piara de cerdos-, los hombres prefieren continuar la vida de siempre y sobre todo conservar sus cosas. El consumismo hace que muchas veces sea más importante poseer cosas que las personas; tener dinero, que hacer que quien había perdido el control de su vida lo recupere. Jesús dio a sus discípulos el poder de expulsar los espíritus de soledad del corazón de los hombres.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 268-269.

Se levantó, dio una orden a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.

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tempestad 2Tiempo Ordinario

Martes de la XIII semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (8, 23-27)

En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos.

De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido.

Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!” El les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.

Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?” Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Después de leer el largo discurso de Jesús conocido como Sermón de la Montaña, en la sección que ahora consideraremos se muestra cómo la fuerza del Reino se revela a través de los signos o señales que Él hace. En los siguientes dos capítulos -8 y 9 de san Mateo- encontramos nueve milagros: la curación de un leproso, la curación del sirviente del centurión; la curación de la suegra de Pedro, la tempestad calmada, que consideramos hoy y otros cinco.

Los discípulos representan a los cristianos del tiempo de Mateo que, después de haberse hecho discípulos de Jesús, experimentan la adversidad y están a punto de perecer.

Seguir a Jesús supone afrontar una existencia insegura y llena de adversidades, en la que muchas veces los discípulos, hombres de poca fe, pierden la confianza. Jesús se lo reprocha y enseguida, con la actitud propia del resucitado -se levantó se dice en griego con la misma palabra que resucitó-, les muestra su poder sobre los elementos de la naturaleza para hacerles comprender que Él sigue en medio de ellos para salvarlos y alentarlos en su misión.

Jesús se despierta, no por las olas, sino por el grito desesperado de los discípulos. Se dirige a ellos y dice: _”¿Por qué tienen miedo? ¡Hombres de poca fe!”_ Luego, él se levanta, amenaza los vientos y el mar, y todo queda en calma.

Queda la impresión de que no era necesario aplacar el mar, pues no había ningún peligro. Es como cuando llegas a casa de un amigo, y el perro, que está junto al del dueño de la casa, empieza a ladrarte; sabes que no hay nada que temer porque tu amigo está presente y controla la situación.

¿Quién es Jesús para nosotros, para mí? Esta debe ser la pregunta que nos lleva a continuar la lectura del Evangelio, todos los días, con el deseo de conocer más y más el significado y el alcance de la persona de Jesús para nuestra vida.