Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado

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espigandoTiempo Ordinario

Martes de la II semana

Textos 

+ Del evangelio según san Marcos (2, 23-28)

Un sábado Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?” El les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”. Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”. Palabra del Señor.

 

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Un nuevo ataque procedente de los fariseos, brinda a Jesús la ocasión .de proceder a otra revelación sobre su propia identidad. Esta vez el pretexto lo proporciona una acción realizada por los discípulos al pasar por un campo de espigas. Para calmar el hambre, frotan entre las manos las espigas maduras, y ese gesto es interpretado por los adversarios como una violación de la ley del sábado que prohibía la siega. Jesús replica, al modo de los rabinos, planteando una pregunta a quienes se erigían en paladines de la observancia de la Ley.

También David, en un momento de necesidad, sació su hambre y la de los suyos con los doce panes de la ofrenda -reservados a Aarón y a sus hijos- que todos los sábados eran «colocados ante la faz del Señor». Toda ley, hasta la más sagrada está, en efecto, en función del hombre y no al revés.

Pero hay más. Jesús, que camina por el sembrado con sus discípulos, es la realización de cuanto David y los suyos prefiguraban. Él es el Mesías esperado, el Señor hace gustar a cuantos le siguen el misterio y la alegría de aquel sábado sin ocaso en el que entrará todo el que se alimenta de él, pan vivo bajado del cielo para introducirnos también a nosotros en la plenitud de su descanso. Jesús no ha venido, en efecto, a abolir la ley, sino a llevarla a plenitud. Con él, en él y por él entramos en el verdadero sábado.

[1]G.Zevini– P.G.Cabra,Lectio divina para cada día del año. 9., 73.

A vino nuevo, odres nuevos

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odres nuevosTiempo Ordinario

Lunes de la II Semana

Textos

+ Del evangelio según san Marcos (2, 18-22)

En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?” Jesús les contestó: “¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda, mientras el novio está con ellos? Mientras está con ellos el novio, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el novio les será quitado y entonces sí ayunarán. Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El comportamiento de los discípulos ofrece el motivo para una polémica ulterior de los maestros de la ley contra Jesús. ¿Por qué no ayunan ellos como hacen, en cambio, los discípulos de Juan y de los fariseos?

El ataque lanzado contra Jesús, en vez de perjudicarle, le brinda una nueva posibilidad de revelamos su misterio. Jesús es «el Esposo», extensamente prefigurado en el Antiguo Testamento, que, por fin, está en medio de su pueblo.

Por consiguiente, ha llegado el tiempo de la salvación, y el tiempo del ayuno ha dejado de tener sentido, puesto que la presencia de Cristo abre el tiempo de la fiesta y de la alegría. Habrá todavía días en que será arrebatado el Esposo, con violencia, a la compañía de sus hermanos, pero ahora ha hecho irrupción en la historia la novedad absoluta.

Con la presencia de Jesús ha entrado en el tiempo algo irreductiblemente diferente. El vestido de la ley no puede tolerar el paño nuevo representado por Jesús. En el banquete de bodas de Dios con la humanidad, del que Cristo nos ha hecho partícipes, está ahora el vino nuevo del Espíritu, que rompe los odres viejos de los corazones endurecidos.

 

[1] G.Zevini– P.G.Cabra, Lectio divina para cada día del año. 9, p. 65.

Este es el Cordero de Dios

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Juan señala al Cordero

Tiempo Ordinario

Domingo de la II semana

Ciclo A

Textos

+ Del santo Evangelio según san Juan (1, 29-34)

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacía él, y exclamó: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’.

Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.

Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

La escena que contemplamos este domingo se encuentra al inicio del evangelio según san Juan en el texto conocido como Prólogo. Este texto abre solemnemente el evangelio y condensa la visión que el evangelista tiene de Cristo y que después desarrollará de manera narrativa.

Conforme a la tradición, el ministerio del Bautista estaba vinculado al inicio del ministerio de Jesús. El prólogo intercala dos menciones del Bautista, la primera para aclarar que él no es la luz sino que da testimonio de la luz; la segunda, que es la que escuchamos este domingo, para dar su testimonio sobre Jesús, a quien presenta como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Cordero de Dios

Jesús a primera vista es un hombre ordinario, conocido como carpintero en Nazaret. Juan inspirado lo reconoce y lo designa como Cordero de Dios. Él mismo dice que lo ha reconocido porque tuvo una revelación y una señal divina le ha permitido reconocerlo; esa señal tuvo lugar en el Bautismo, lo sabemos por los otros evangelistas, que refieren que cuando Jesús recibió el bautismo el Espíritu Santo se manifestó en forma corpórea descendiendo sobre él en forma de paloma.

Los israelitas no eran muy dados a identificar a las personas con algún animal; sin embargo, el cordero o la oveja tiene un profundo significado simbólico, veamos por qué:

  • El cordero es la víctima del sacrificio (cf. Gn 22,7)
  • El pueblo se identifica con las ovejas del rebaño de Dios (Sal 99,3);
  • La sangre del cordero está relacionada con la preservación de la vida y la liberación de la esclavitud (cf. Ex 12);
  • El cordero simboliza el sufrimiento redentor, el del inocente que entrega la vida (cf. Is 53,7),
  • El cordero además simboliza la mansedumbre.

Los sacrificios de la antigua alianza no podían quitar los pecados (Cf. Heb 10.4) porque los animales sacrificados eran víctimas expiatorias sin voluntad ni conciencia. Jesús, el Cordero de Dios, en cambio se ofrecerá como víctima inocente y sin mancha y con este sacrificio quitará el pecado del mundo.

Que quita el pecado

Quitar el pecado significa eliminar lo que se opone a la vida que Dios ofrece, lo que se opone a los valores del Reino; incluye el perdón y la posibilidad real de arrancarlo de raíz. En la mentalidad judía el pecado no consistía sólo en la transgresión de un precepto o en portarse mal como diríamos nosotros, expresa también la falta de claridad que impide acertar en la orientación que se da a la vida.

El Cordero de Dios purifica y ofrece las capacidades para que el pecado se vaya erradicando del mundo. No se trata de retirar el pecado de cada persona, o de un grupo; la redención de Jesús va más allá, quitará el pecado del mundo. Si la humanidad se apropia la redención obrada por el sacrificio de Jesús, el Cordero de Dios, tenemos la seguridad de que el pecado que deshumaniza se eliminará de raíz.

Juan presenta a Jesús como Cordero de Dios con el propósito de que  lo sigan y el evangelio nos narra como dos de sus discípulos se fueron tras de Él. Con esta presentación el evangelista también deja clara la distinción y superioridad de Jesús respecto al Bautista. Había quienes creían que Juan era el Mesías y para despejar las dudas el evangelio nos presenta la identidad y la función de Juan que es ser testigo del Cordero de Dios, facilitar que se encuentren con Él y que lo sigan.

Jesús con su muerte redentora en la cruz nos redime del pecado; con su vida y su Palabra abre un gran horizonte a nuestra vida para que esta tenga sentido, para que tengamos claridad sobre la finalidad de nuestra existencia y que para lograr esta finalidad es muy importante saber distinguir el bien del mal, la verdad de la mentira, el amor del odio.

En la medida en que nos identifiquemos con Jesús y nos incorporemos a su obra salvadora el pecado del mundo irá perdiendo terreno y existirán condiciones reales para vivir en fraternidad pues seremos capaces de reconocernos hijos de Dios. Ser discípulos de Jesús nos pide entregarnos con Él, y como Él enfrentar con mansedumbre el poder del pecado y de la muerte sabiendo que es Dios quen nos sostiene y su Espíritu el que nos hace fuertes.