Yo soy la vid, ustedes los sarmientos
En lel evangelio, Jesús distingue entre los frutos «que permanecen» y los que no permanecen. Todo lo que no permanece indica en su fragilidad que está bajo el imperio de la muerte. No importa qué tan bella sea una flor si sólo va a saludarme un día para luego hundirse en la nada y dejar una estela de vacío.
Distingue también nuestro Señor entre los frutos «abundantes», propios de quien tiene vida porque le circula la sangre de la vida, y la esterilidad del que no tiene qué circule en su interior. Y ese es el veredicto que muchos padecen: nada les circula adentro. Su vida no tiene principio interior que anime, sino que son gobernados en todo desde el exterior, es decir, desde las apetencias que otros manipulan. De esa vida sin vida nos ha salvado Cristo, Señor de la vida.
28 abril 2024. Textos bíblicos y mensaje del Domingo de la V semana de pascua
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