Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no
El evangelio nos sugiere una especie de purificación del lenguaje: aprender a decir lo que decimos y no a asegurar que sí estamos diciendo lo que decimos que estamos diciendo.
Parece un trabalenguas pero en el fondo tiene muchísimo sentido: si con palabras queremos asegurar que nuestras palabras son de fiar, ¿quién asegura a las palabras que aseguran? Todo se vuelve una cadena de justificaciones, una especie de «juego.»
Es como lo que vemos que sucede cuando palabras como «sinceridad» o «transparencia» entran en la arena de la política o sencillamente empiezan a repetirse demasiado. Da la causalidad de que cuanto más repetimos que hay que ser sinceros más solemos mentir; no es raro que quien exige transparencia y demanda claridad tenga motivos turbios o poco claros.
La solución de Jesús es distinta: no afiances unas palabras sobre otras, sino simplemente sobre la verdad. Algo tan elemental y tan sano que sin embargo necesitamos redescubrir con frecuencia.
15 junio 2024 Textos bíblicos y mensaje del sábado de la X semana del tiempo ordinario.
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