¿Es verdad que son pocos los que se salvan?
La pregunta del evangelio de hoy ha torturado muchas conciencias. «Y si son pocos los que se salvan, ¿seré yo uno de ellos?» Jesús no responde directamente (casi nunca lo hace, de hecho). Lo que hace Jesús es dar una recomendación general que invita al «esfuerzo» y presentar una parábola que invita a desconfiar de lo que podían ser las seguridades para sus oyentes.
¿Cuáles seguridades? Por ejemplo, creer que la cercanía de trato ya implica una cercanía de destino: como hemos «comido y bebido con él» tenemos garantizado que comeremos y beberemos con él en el banquete del Reino. Error de perspectiva: si se ha hecho cercano a nosotros hasta comer y beber con nosotros es para mostrarnos su misericordia que nos llama; eso no implica que si rechazamos esa misma misericordia podamos seguir creyendo que pertenecemos a Aquel a quien hemos dado la espalda.
Otra falsa seguridad viene del tema de la raza: «somos descendencia de Abraham.» No basta. No es la descendencia según la carne, pues tampoco esa cercanía es la que redime.
El resumen es que la única cercanía que salva es la que viene de la fe, y una fe consecuente, porque los que son rechazados lo son no por lo que dicen que creen sino porque «hacen el mal.» Es decir: cuenta que dices que tú crees, pero se ve que al final cuenta más qué obras han nacido de la fe que profesas. (fray Nelson)
30 octubre 2024 Textos bíblicos y mensaje del miércoles de la XXX semana del tiempo ordinario.
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