He venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas
Jesús no se mira a sí mismo como el autor de una novedosa terapia o como el sabio descubridor de los principios que rigen la vida humana. No se presenta tampoco como el estratega que tiene asegurado el éxito o el empresario que se saldrá con la suya. No se anuncia como un artista, un poeta o un pensador. Se mira y quiere ser visto como el enviado.
Como su palabra es la de un enviado, no se siente dueño de ella: la ofrece con convicción pero sin imposición. Como sus milagros son los de un enviado, no hace ostentación de ellos sino que los mira como instrumentos de un anuncio más importante: ¡Dios reina! Sus caminos son los de un enviado por eso vive como despreocupado de sí mismo y sólo atento a la voluntad del Padre. Ahí radica su encanto único, su libertad impresionante, la altura de su vuelo, el esplendor de su enseñanza.
24 abril 2024. Textos bíblicos y mensaje del miércoles de la IV semana de pascua.
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