¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
En el pasaje del evangelio de hoy hay muchas cosas bellas que meditar: el poder de Cristo, su misericordia, la alabanza que despierta en la multitud, resumida en esa expresión elocuentísima: «¡Todo lo ha hecho bien!»
Los que traen al enfermo ya tienen una idea definida del milagro que quieren: «le suplicaban que impusiera sobre él la mano». Jesús ve o presiente algo distinto, pues «lo apartó de la gente». Es como si la sordera de ese pobre tuviera que ver con la sobrecarga de voces de la multitud. A veces oír a todos es oír a nadie.
Jesús no le impone la mano, un gesto usual en muchas sanaciones. Su acción es dramática: mete sus dedos en los oídos y toca la lengua del hombre con su propia saliva. Casi sentimos asco, pero no nos dejemos llevar por esa primera impresión. Jesús no es un actor: está utilizando no el lenguaje que los demás pueden entender sino el lenguaje que el sordomudo, que no sabe para qué lo llevan adonde lo llevan, puede entender. Con sus dedos y su saliva Jesús le está hablando a él; no lo trata como un «objeto» sobre el que otros disponen: «haz que oiga; haz que hable». Lo trata como un sujeto con el que establece una comunicación apropiada a las posibilidades del enfermo. ¿No es bello?
9 febrero 2024. Textos bíblicos y mensaje del viernes de la V semana del tiempo ordinario.
¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos Leer más »









