A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo
Ya no hay necesidad de ofrecer sacrificios de expiación para el perdón de los pecados en el templo de Jerusalén: Jesús mismo, por el sufrimiento padecido, es el que ahora nos proporciona el perdón y la salvación. El autor de la carta a los hebreos interpreta la vida terrenal de Jesús como una oferta sacerdotal de «ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte», que «fue escuchado por su actitud reverente».
Él, hijo de Dios, es declarado sacerdote según el rito de Melquisedec, el sacerdote del que se habla en el libro del Génesis en el capítulo 14 y luego en el salmo 110, citado por el autor de la Carta. Melquisedec, rey de Salem (Jerusalén), va al encuentro de Abrán ofreciéndole pan y vino y bendiciéndolo: «¡Bendito sea Abrán del Dios Altísimo, creador de cielos y tierra!». No era un sacerdote del Dios de Israel, pero reconoció en Abrán la presencia del Dios Altísimo.
20 enero 2025. Textos bíblicos y mensaje del lunes de la II semana del tiempo ordinario.
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