Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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¿Me amas más que éstos?

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me amasViernes VII de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (21, 15-19)

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” El le contesto: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.

Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” El le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”.

Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”.

Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Todo el itinerario bíblico de la Pascua que hemos recorrido ha venido oscilando entre la confesión de fe y la confesión de amor. Esta confesión es fruto de la Pascua en nosotros.

Hoy llegamos al último capítulo del evangelio de Juan y nos encontramos con la triple confesión de amor de Pedro después del milagro de la pesca abundante en el lago y la invitación –por parte de Jesús- para compartir el pan y el pescado.

Justo en este momento se abre un diálogo entre Jesús y Pedro. Tres preguntas:  “¿Me amas?”; tres respuestas: “Tú sabes que te amo”; tres mandatos por parte de Jesús: “Apacienta mis ovejas y mis corderos”.

Aunque lo parecen, las preguntas y las respuestas no son siempre idénticas, hay matices de la lengua original que se nos escapan al traducir. Con sus preguntas, Jesús quiere saber de Pedro: “¿Aún estas dispuesto a dar tu vida por mí?”, “Todavía quieres ser mi amigo?”.

Con la triple pregunta, Jesús le da a Pedro la posibilidad de enmendar su triple negación durante la pasión.  Dios nos da a todos siempre una segunda oportunidad. Incluso nos da una tercera, una cuarta y hasta infinitas posibilidades. El Señor no lo borra a uno de su corazón con el primer error. ¿Será que nosotros somos así con los demás?

La confianza y el perdón del Maestro hacen de Pedro una persona nueva, fuerte, fiel hasta la muerte. La fortaleza interior de Pedro, expresada en su confesión de amor, lo capacitan para ser Pastor de la Iglesia.

Si aprendiéramos la lección contenida en esto que Jesús hizo por Pedro, si nos interesáramos por devolverle nuestra confianza a alguien que se ha equivocado, que nos ha hecho algo feo, que nos ha traicionado, que no se hizo sentir cuando más la necesitábamos, nuestra convivencia familiar y comunitaria sería más feliz.

La pregunta: “¿Me amas?” se dirige a todo discípulo. El cristianismo no es un conjunto de doctrinas y prácticas; es una realidad mucho más íntima y profunda. Es una relación de amistad con la persona de Jesús. Nuestro amor por Jesús no se debe quedar en un hecho intimista y sentimental, se debe expresar en el servicio a los otros, en el hacerle el bien al prójimo.

 

Quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado

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Ultima Cena 5 

 Jueves VII de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (17, 20-26)

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado aconocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también enellos”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En la última sección de su oración, Jesús ora en palabras que alcanzan a la totalidad de la Iglesia y abraza a todos los creyentes de todos los tiempos, incluyéndonos a nosotros.

Esta parte de la oración de Jesús está centrada en tres peticiones:

  • Jesús ora para que los discípulos logren la unidad y esta unidad evangelice el mundo.
  • Jesús ora para que los discípulos puedan llegar a la contemplación de la gloria de Jesús en la amistad eterna con él.
  • Jesús ora para que vivan habitados por el amor de Jesús y sean transparencia de él en el mundo.

Detengámonos en la segunda petición: «Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo

El amor siempre pide unión y esta unión pide eternidad. Por eso cuando dos amantes se declaran el amor generalmente se dicen “para siempre”. Esto es lo que Jesús ora en la segunda parte de su oración por todos los discípulos de la historia. Ora el futuro del amor, el futuro de la relación de discipulado.

Aquí Jesús dice que sus discípulos, no solos sino en comunidad, estarán siempre con él. Recordemos que lo que dio pie a las últimas enseñanzas de Jesús fue precisamente el hecho inminente de la separación, el “yo me voy” de Jesús.

El Señor quiere que estemos siempre junto a Él, “para que contemplen mi gloria”. Contemplar la gloria: ser como él. Y esta gloria que contemplamos es algo que nosotros actualmente experimentamos. Contemplamos la gloria en el Verbo encarnado, en el rostro humano de Jesús, que no es otra cosa que el rostro divino que nosotros estamos llamados a tener.

No hay nada más bello que estar junto con Jesús. Esta promesa nos ha venido acompañando a lo largo de todo este tiempo pascual, con la lectura de Juan. Jesús ya había dicho: “Si alguno me sirve que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor”.

Digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos

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orante 5Miércoles de la VII semana de pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (17, 11-19)

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.

Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.

Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos.

Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo.

No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad.

Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo.

Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El evangelio de este día nos permite acercarnos a Jesús orante y entrar en la intimidad de su oración.

Jesús ora en voz alta, quiere que también lo escuchen sus discípulos, les da permiso para que conozcan su corazón orante, para que compartan su intensa relación con el Padre y para que sepan qué es lo quiere de ellos. Jesús ora en voz alta, para que su oración se prolongue en nuestra propia oración.

La oración de Jesús en el pasaje que contemplamos es una verdadera escuela de oración; es conocida como “oración sacerdotal”, también podríamos llamarla “oración del Hijo amado” por la íntima relación amorosa entre el Padre y el Hijo que nos revela, expresada en la obediencia de Jesús; o también, “oración del Buen Pastor”, por el cuidado amoroso de Jesús por los suyos, de todas las generaciones, que se prolonga en la intercesión por ellos que quedan en el mundo.

En este pasaje la oración de Jesús se desarrolla en tres círculos concéntricos, que son círculos relacionales: primero se centra en la persona y la misión de Jesús con relación al Padre; luego, en la relación de Jesús con los once discípulos y finalmente en la relación de Jesús con los discípulos que engrosarán la comunidad en los tiempos futuros, entrando en la familia del Padre.

Observemos los tres movimientos de la oración de Jesús:

Jesús ora por su propia glorificación, de manera que pueda llevar a cumplimiento la obra que inició con sus discípulos.

Jesús ora por la comunidad que ha formado y que en ese momento comparten con él la intimidad de la última cena. Hace memoria de la tarea realizada hasta ese momento y el hecho de haber sido acogido por sus discípulos. Le pide al Padre que proteja en su nombre a los discípulos y que los santifique en la verdad.

Jesús ora por el futuro de la evangelización, por todos los que creerán como respuesta a la predicación apostólica y finalmente por las futuras comunidades cuya plenitud será su comunión de vida con el Padre.