Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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Hemos hecho lo que teníamos que hacer

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Jesus enseña 3 Tiempo Ordinario

Martes de la XXXII semana

Textos

Del evangelio según san Lucas (17, 7-10)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación? Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’ ”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El Señor entabla un diálogo íntimo con sus discípulos, y quiere repetirlo con cada uno de nosotros. Él conoce a los suyos uno por uno, los llamó a seguirle y vive con ellos. Sabe que es fácil que dejen espacio al orgullo en su corazón y que se tengan a sí mismos en gran consideración, o bien que se crean buenos y protagonistas de sus acciones. Por eso les exhorta a confrontarse con los siervos. Estos, a diferencia del amo, no son los primeros de la casa sino los que sirven.

Nadie de nosotros es amo de su propia vida; solo el Señor lo es. Cada uno recibimos la vida no solo para que la gocemos, sino para gastarla para el bien de todos. Sin merecerlo hemos recibido mucho: salud, bienestar, paz, inteligencia, amor; fe. De todos esos bienes no somos amos, sino custodios y administradores.

También Jesús se presentó como el que sirve, no como el que debe ser servido. Y en la última cena lo demostró asumiendo el papel del esclavo que lava los pies a su señor. El discípulo siguiendo este ejemplo de Jesús, está llamado a servir a la Iglesia, la comunidad de hermanos en la fe que se ha convertido en su nueva familia.

La Iglesia, la comunidad de la que todos formamos parte es un regalo que recibimos y que estamos llamados a amar, cuidar y servir. Este servicio de amor es lo que Jesús confió a sus discípulos. Y ese servicio es nuestra verdadera recompensa. Vivir con ese espíritu de servicio libra del egoísmo, del ansia de acumular bienes y satisfacciones para uno mismo. También la Iglesia entera debe concebirse como sierva del amor por el mundo entero.

La Iglesia, la comunidad de los creyentes, no vive para ella misma para ser perfecta y envidiada, sino para que todos puedan descubrir el amor de Jesús que vino para salvar a todos. Los discípulos saben que lo han recibido todo y que a Él lo deben devolver todo. Eso es lo que significa ser siervos inútiles. Ser «inútiles» no es excusa para caer en la pereza o la falsa humildad.

El Señor nos ha elegido y confiado una tarea que estamos llamados a cumplir no para realizamos a nosotros mismos sino para servir a su sueño de amor por el mundo, sabiendo que todo lo recibimos de él y sin él somos realmente «inútiles», es decir, personas sin fuerza.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 415.

¡Tengan, pues, cuidado!

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Jesus enseña 2Tiempo Ordinario

Lunes de la XXXII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (17, 1-6)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.

Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo”. Los apóstoles dijeron entonces al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús advierte a los discípulos para que no sean motivo de escándalo, es decir, que no sean piedra que hace tropezar. Considera que el escándalo es tan grande que afirma que sería mejor, para quien lo procura, que lo echaran al mar con una piedra al cuello. Y tal vez el primer escándalo que deben evitar los discípulos es el de contradecir con su vida el Evangelio.

Si nuestros comportamientos están lejos del Evangelio e incluso van contra el Evangelio, no solo traicionamos al Señor, sino que además nos convertimos en cómplices del príncipe de este mundo porque fomentamos una vida triste y violenta. Por eso pide a los discípulos: «Tengan, pues, cuidado».

El apóstol Pablo, consciente de ese peligro, advertía también a los ancianos de Éfeso diciendo: «Tengan cuidado de ustedes y de toda la comunidad» (Hch 20, 28). Tener cuidado de uno mismo, del comportamiento que cada uno tiene, de la fidelidad al Evangelio es una tarea primordial para cada discípulo y aún más para los que tienen responsabilidades pastorales.

Jesús añade que la disponibilidad por perdonar también forma parte de la sabiduría. Además, cada uno de nosotros conoce bien su fragilidad y facilidad en caer en pecado. Jesús nos da expresamente la fuerza de perdonar. La capacidad de perdonar no es espontánea. Es más, el perdón hoy es algo raro. Y por desgracia la venganza tiene mucho más espacio en la vida de cada día. Es urgente que la misericordia y el perdón se apliquen con profusión ante la facilidad con la que se afirma el pecado. Perdonar «siete veces», como pide Jesús, significa que hay que perdonar siempre. Evidentemente, no se trata de mostrarse condescendiente con el pecado.

Jesús exige siempre el arrepentimiento por la culpa cometida y el consiguiente cambio de vida. Pero nunca debe faltar la disponibilidad a la misericordia. La misericordia es signo de la presencia de Dios entre los hombres. A este respecto los discípulos comprenden que la misericordia no nace de ellos, comprenden que tienen fuertemente arraigado en ellos el instinto de permanecer en el odio o al menos en la indiferencia. Por eso le piden al Señor: «Auméntanos la fe».

Jesús -sorprendiéndonos tal vez también a nosotros – contesta diciendo que de fe basta una pequeña medida, la medida de un grano de mostaza. Esa pequeña fe, esa pequeña confianza en Dios, es capaz de hacer milagros. Pidámosla al Señor y seremos capaces de arrancar las hierbas amargas del corazón de los hombres y tiraras al fondo del mar.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 413-414.

El amo reconoció que su mal administrador había procedido con habilidad

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Aministrador astutoTiempo Ordinario

Viernes de la XXXI semana

Textos

Del evangelio según san Lucas (16, 1-8)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’.

Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿ Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo.

Al primero le preguntó: ‘¿ Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’.

Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Este respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

 

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Mensaje[1]

Quien lee con continuidad el Evangelio a menudo encuentra parábolas. Es una de las maneras habituales con las que Jesús comunica sus enseñanzas. Él, maestro bueno y atento, quería que los discípulos comprendieran sus palabras no como enseñanzas abstractas, sino más bien como palabras para su vida concreta.

También en esta ocasión parte de una situación real: un administrador, acusado de mala gestión, es llamado por su señor para que le rinda cuentas antes de dejar el cargo. Jesús, en este punto, describe la habilidad de este administrador por asegurarse un futuro: llama uno por uno a los deudores del señor y reduce notablemente a cada uno el importe de su deuda. Evidentemente todos los deudores estarán en deuda con él después de que el señor lo eche.

Al finalizar la narración, Jesús alaba al administrador infiel y dice: «los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz». Evidentemente, Jesús no quiere incitar a los oyentes a engañar al señor como hizo aquel administrador. La parábola quiere subrayar la habilidad y la clarividencia del administrador respecto al futuro que le espera.

Jesús pide a los discípulos que hagan cuanto esté en sus manos, con la misma astucia que aquel administrador, para ganarse el reino de Dios. Por desgracia, no pocas veces los discípulos se dejan atrapar por la resignación ante las cosas de la vida y no utilizan una energía como la que impulsó a aquel administrador infiel para construir un mundo más justo.

Jesús destaca que aquellos que razonan según la mentalidad del mundo hacen de todo para asegurarse un futuro sin problemas. A menudo, en cambio, los «hijos de la luz» no tienen la misma atención, la misma pasión por asegurarse el reino de los Cielos.

Esta página evangélica nos exhorta también a nosotros a la creatividad del amor, a no resignarnos ante las dificultades y aún menos a acomodarnos en nuestra pereza. Nos espera un intenso trabajo para que crezca el amor y la paz entre muchas personas.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 410-411.