El pueblo estaba pendiente de sus palabras
Jesús, a sabiendas de lo que le esperaba en Jerusalén, no huyó, entró en la ciudad santa y se dirigió al templo. Dentro de aquellos muros estaba el corazón de Jerusalén, el lugar de la presencia de Dios.
Por desgracia, el afán de ganancias había invadido también aquel espacio dedicado a Dios y a la oración. El templo se había convertido en el reflejo de la situación del mundo: un lugar esclavo del materialismo, de la vida entendida como mercado, como compraventa.
Jesús, enojado ante aquel espectáculo, echa a los vendedores gritando: «Mi casa es casa de oración».
21 noviembre 2025. Textos bíblicos y mensaje del viernes de la XXXIII semana del tiempo ordinario.
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