Ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo desconfianza
Si estudiamos en San Pablo cuál es la grandeza de la fe y cuáles son sus principales cualidades, descubrimos que hay algo básico, y es la resolución de no apoyarse uno en sí mismo sino en Aquel en quien de veras cree.
El ejemplo de Abrahán es elocuente. Puede decirse que tenía todo en contra: la edad, la falta de vigor, la esterilidad de la esposa. Pero no dudó, no tuvo desconfianza. Aprovechó su misma debilidad para apoyarse por completo en el que no es débil, es decir, en Dios, nuestro Señor.
Ese género de fe produce resultados. El gran resultado para Abrahán fue, en primer lugar el hijo de la promesa, Isaac, peor si lo pensamos mejor, los resultados de la maravillosa fe de Abrahán están todavía produciéndose, porque todos nosotros, los que le llamamos «nuestro padre en la fe», de algún modo hemos nacido y seguimos naciendo de la inmensa fe que Dios le concedió a este hombre.
Necesitamos una fe así, robusta, generosa y volcada hacia Dios, para recibir en plenitud las promesas divinas. Ya en Cristo está todo «dado» pero para que todo sea ahora «recibido» necesitamos ejercer fe, desprendiéndonos de nuestro méritos pasados o pecados pasados y fiándonos por entero del que es bueno, compasivo, sabio y poderoso.
23 octubre 2023. Textos bíblicos y mensaje del lunes de la XXIX semana del tiempo ordinario.
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