Ya está cerca el día del Señor
El oráculo de Joel es fuerte: un grito de dolor y de denuncia; también un llamado a emprender el camino de la penitencia y del temor del Señor. ¿Qué destacar en esta palabra vigorosa que nos ofrece la liturgia de hoy en la primera lectura? Subrayemos simplemente algunos elementos.
Estamos ante un llamado esencialmente comunitario. Lo personal, lo genuinamente personal, como es la conversión, no riñe con lo genuinamente comunitario, cual es el caso en las obras de penitencia que nos describe el profeta, donde todo va en plural: «Hagan penitencia y lloren…; giman, ministros del altar; vengan, acuéstense en el suelo… Promulguen un ayuno…». Nuestro tiempo, marcado por el individualismo también a la hora de las conversiones, mira a veces el encuentro con Dios como un hecho aislado y casi aislante. El resultado es que muchas veces esa conversión en soledad nunca llega. Ahí está Joel para indicarnos un camino.
Es un llamado al dolor, pero también a la reflexión. No hay penitencia sin dolor del alma por haber ofendido a Dios, eso está claro, pero el dolor de que aquí se trata no enceguece, no obnubila, no cierra sino que abre. Es el sentido de aquel clamor: «reúnan a los ancianos». En ellos se espera la sabiduría, como expresa Is 9,15: » El anciano y venerable es la cabeza, y el profeta que enseña la mentira, es la cola» (cf. Sal 119,100). En medio de la perplejidad, una reunión de ancianos: signo de una deliberación, de un buscar y preguntar: «¿qué nos quiere decir Dios con este dolor?».
13 octubre 2023. Textos bíblicos y mensaje del viernes de la XXVII semana del tiempo ordinario.
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