Hemos llegado a la Pascua tras haber seguido a Jesús en sus últimos días de vida. El Evangelio de Pascua parte precisamente desde este límite extremo, desde la noche oscura. El evangelista Juan escribe que «todavía estaba oscuro» cuando fue al sepulcro. Estaba oscuro también dentro del corazón de aquella mujer. La oscuridad de la tristeza y del miedo.
Con el corazón triste, María fue al sepulcro. Apenas llega ve que la piedra de la entrada, una losa pesada como toda muerte y toda separación, ha sido apartada. Corre de inmediato hacia Pedro y Juan: «¡Se han llevado del sepulcro al Señor!» y añade: «No sabemos dónde le han puesto». La tristeza de María por la pérdida del Señor, aunque sea solo de su cuerpo muerto, es una bofetada a nuestra frialdad y a nuestro olvido de Jesús, incluso vivo. Solo con sus sentimientos en el corazón es posible encontrar al Señor resucitado.
20 abril 2025. Textos bíblicos y mensaje del Domingo de Resurrección.