Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos
Ante la afirmación de Jesús: «Yo y el Padre somos uno», explota la rabia de sus interlocutores, que intentan lapidarlo. Es la segunda vez que ocurre según el evangelista Juan. Los que le escuchaban habían entendido perfectamente el alcance de las palabras pronunciadas por Jesús: para ellos eran una blasfemia. Jesús debía ser castigado con la lapidación.
Esta vez, en lugar de desaparecer de su vista, responde con la calma de quien sabe que está haciendo la voluntad del Padre. «He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?». Ellos responden que su reacción no nace de ninguna acción incorrecta de Jesús, sino de su pretensión de presentarse como Dios.
11 abril 2025. Textos bíblicos y mensaje del viernes de la V semana de cuaresma
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