El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo

Nos hemos acostumbrado a pensar en Moisés ante todo como un hombre de acción, por su fe resuelta que puso en marcha la inmensa epopeya que da nombre al segundo libro de la Biblia.

Pero ese vigor formidable no nace de una pura filantropía, ni mucho menos del deseo de marcar con su huella las dunas del desierto del Sinaí. Su fuerza reside en el volumen de amor que le desborda el alma. Y su amor tiene su fuente propia en la oración. Dios y Moisés hablaban «como un hombre con su amigo».

La unión de amistad es una preciosa imagen de lo que es la genuina oración. ¿Nos hemos dado cuenta de cuánto tiempo «perdemos» con nuestros verdaderos amigos? Y no es que lo «perdamos», es que el tiempo deja de existir, simplemente no importa, cuando el corazón se expande gozoso y libre ante otro corazón que sabe recibirlo. ¡Oh, feliz quien puede orar así! #fraynelson

01 agosto 20923. Textos bíbilicos y mensaje del martes de la XVIII semana del tiempo ordinario.

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