Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: XXX Martes Tiempo Ordinario

El Reino de Dios se parece a una semilla de mostaza

0
Tiempo Ordinario

Martes de la XXX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (13, 18-21)

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”.

Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Estas dos cortísimas parábolas se pueden comprender mejor si tenemos en cuenta el contexto de la creciente oposición a Jesús por parte de los jefes del pueblo. En realidad, ese es un destino de toda la historia cristiana: el Evangelio encuentra oposición en todas las generaciones que se suceden en la historia.

La novedad del amor de Jesús choca contra la dureza del corazón del hombre y sobre todo con la obra destructora del príncipe del mal. Hoy podríamos pensar en la situación de minoría de los cristianos en el mundo o en las dificultades de comunicar el Evangelio en situaciones difíciles.

¿Cómo se puede instaurar el reino de Dios solo con la humildad y las palabras? ¿El Evangelio no es demasiado débil para cambiar el mundo, que parece tan fuerte? Estas preguntas, o mejor dicho, estas dudas encuentran una eficaz respuesta en las dos parábolas que pronunció Jesús, la del grano de mostaza y la de la levadura en la masa.

El reino de Dios que Jesús vino a instaurar en la tierra empieza no de manera poderosa y clamorosa, sino como una pequeña semilla, como un puñado de levadura. Evidentemente, es importante que la semilla penetre en la tierra y que la levadura se mezcle con la masa. Pero ambas, la semilla y la levadura, si mantienen su fuerza y su energía, es decir, si no sufren los efectos de nuestra pereza y de nuestro egocentrismo, darán fruto.

El evangelista Lucas -y en este punto se diferencia de los otros dos sinópticos- destaca en la parábola la idea del desarrollo, del crecimiento continuo. La semilla, es decir, la predicación del Evangelio y la práctica del amor, dará lugar a un árbol grande y la levadura fermentará la masa de la sociedad y del mundo. Muchos podrán cobijarse a la sombra del árbol del amor y muchos podrán saciarse con el pan de la misericordia.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 399.

El Reino de Dios se parece a la levadura…. que hace fermentar toda la masa

0

Tiempo Ordinario

Martes de la XXX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (13, 18-21)

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”.

Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje

En el evangelio de hoy, nos encontramos con dos parábolas del Reino.

El Reino de Dios es semejante a una semilla de mostaza. Esta semilla es muy común en Palestina, de modo particular junto al lago de Galilea. Es conocida por su singular pequeñez. Jesús usa esta imagen para expresar su esperanza de que sus discípulos tengan un mínimo de fe: “Si tuvieran fe como un grano de mostaza…”. 

La parábola que leemos ahora es muy sencilla: compara dos momentos de la historia de la semilla: cuando es sembrada y cuando se hace un árbol.  Por tanto, la función del relato es explicar el crecimiento extraordinario de una semilla que se entierra en el propio jardín, a lo que sigue un crecimiento asombroso al hacerse un árbol. 

Al igual que esta semilla, el Reino de Dios tiene también su historia: el Reino de Dios es la semilla enterrada en el huerto, lugar que en el Nuevo Testamento indica el lugar de la agonía y de la sepultura de Jesús; sigue después el momento del crecimiento en el que llega a ser un árbol fecundo, abierto a todos.

El Reino de Dios es semejante a la levadura. La levadura se esconde en tres medidas de harina. En la cultura hebrea, la levadura era considerada un factor de corrupción, hasta el punto que se eliminaba en las casas para no contaminar la fiesta de Pascua, que justamente empezaba la semana de los ázimos. 

El uso de este elemento negativo para describir el Reino de Dios era un motivo de perturbación para los oídos de los judíos. Pero el lector percibe su fuerza convincente: es suficiente meter una pequeña cantidad de levadura en tres medidas de harina para conseguir una gran cantidad de pasta. Jesús anuncia que esta levadura, escondida o desaparecida en las tres medidas de harina, después de un tiempo, hace crecer la masa.

Lucas piensa en la Palabra de Jesús que ya está creciendo pero que todavía no se ha convertido en árbol. Jesús y el Espíritu Santo están dando soporte a este crecimiento de la palabra. La imagen de la levadura completa el cuadro de la semilla. La levadura es el Evangelio que actúa en el mundo, en la comunidad eclesial y en cada creyente.

¿A qué se parece el Reino de Dios?

0
mostazaTiempo Ordinario

Martes de la XXX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (13, 18-21)

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”.

Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Estas dos cortísimas parábolas se pueden comprender mejor si tenemos en cuenta el contexto de la creciente oposición a Jesús por parte de los jefes del pueblo. En realidad, ese es un destino de toda la historia cristiana: el Evangelio encuentra oposición en todas las generaciones que se suceden en la historia.

La novedad del amor de Jesús choca contra la dureza del corazón del hombre y sobre todo con la obra destructora del príncipe del mal. Hoy podríamos pensar en la situación de minoría de los cristianos en el mundo o en las dificultades de comunicar el Evangelio en situaciones difíciles.

¿Cómo se puede instaurar el reino de Dios solo con la humildad y las palabras? ¿El Evangelio no es demasiado débil para cambiar el mundo, que parece tan fuerte? Estas preguntas, o mejor dicho, estas dudas encuentran una eficaz respuesta en las dos parábolas que pronunció Jesús, la del grano de mostaza y la de la levadura en la masa.

El reino de Dios que Jesús vino a instaurar en la tierra empieza no de manera poderosa y clamorosa, sino como una pequeña semilla, como un puñado de levadura. Evidentemente, es importante que la semilla penetre en la tierra y que la levadura se mezcle con la masa. Pero ambas, la semilla y la levadura, si mantienen su fuerza y su energía, es decir, si no sufren los efectos de nuestra pereza y de nuestro egocentrismo, darán fruto.

El evangelista Lucas -y en este punto se diferencia de los otros dos sinópticos- destaca en la parábola la idea del desarrollo, del crecimiento continuo. La semilla, es decir, la predicación del Evangelio y la práctica del amor, dará lugar a un árbol grande y la levadura fermentará la masa de la sociedad y del mundo. Muchos podrán cobijarse a la sombra del árbol del amor y muchos podrán saciarse con el pan de la misericordia.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 399.