Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: XXX Jueves Tiempo Ordinario

Tengo que seguir mi camino

0

jesus-llora-por-jerusalen 

Tiempo Ordinario

Jueves de la XXX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (13, 31-35)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: “Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte”.

El les contestó: “Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra.

Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén.

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero tú no has querido! Así pues, la casa de ustedes quedará abandonada.

Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan: ‘¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!’ ”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Sabemos que Jesús va de camino hacia Jerusalén: ante él se perfila ahora con claridad la meta del Calvario como lugar en el que podrá ofrecerse a sí mismo a Dios en sacrificio de amor por toda la humanidad.

Nada puede apresurar o retrasar «la hora» en la que Jesús consumará su misión: ni Herodes, ni Pedro, ni otros. Lo que Jesús tiene que hacer pretende llevarlo a cabo con plena determinación y total libertad.

Jesús manda decir a «ese zorro» de Herodes, aunque sea con términos velados, que todo lo que él hace lo lleva a cabo para cumplir la voluntad de Dios, que en su Pascua será glorificado, es decir, se manifestará plenamente como Dios misericordioso, Dios de la vida.

Como todo auténtico profeta, Jesús no puede morir fuera de Jerusalén, por lo que debe subir a ella por fidelidad a su misión y por amor a nosotros.

Viene, a continuación, un doloroso lamento de Jesús sobre Jerusalén, un lamento-profecía abierto también a las perspectivas de un futuro inmediato. Jesús quisiera hacer de Jerusalén un signo de reconciliación, paz y unidad, pero ella realiza gestos de violencia y división. La profecía de Jesús tiene dos momentos: uno negativo, en el cual, como ya hiciera el profeta Jeremías, predice la ruina de Jerusalén y de sus habitantes, a pesar de amarlos intensamente, y otro positivo, que parece aludir a la conversión de Israel en referencia al fin de los tiempos.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 12., 225-226.