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No se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir

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Tiempo Ordinario

Sábado de la XXVIII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (12, 8-12)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.

A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Este sábado, el evangelio nos lleva a la conclusión del encuentro de Jesús con los fariseos, después del cual se puso a enseñar a sus discípulos. 

La vida de los discípulos está amenazada por muchos peligros externos, como la persecución, e internos, como la falta de perseverancia; por eso tienen que trabajar continuamente su vida interior: «cuídense de la levadura de los fariseos que es la hipocresía». Esta “levadura de los fariseos” es la que fue denunciada en el discurso anterior, al destacar la falta de coherencia de los fariseos, dados a vivir de la apariencia.

La sabiduría de la vida enseña que a lo largo de la vida, la verdadera naturaleza de las personas no puede permanecer mucho tiempo escondida. Lo que consideramos nuestros grandes secretos, con el tiempo terminan manifestándose, porque «nada hay oculto que no llegue a saberse» haciéndose evidente la hipocresía.

Ahora bien, los discípulos muy pronto vivirán la persecución, pero no deben tener miedo de nada fuera de Dios, «No teman… teman más bien a…, porque él no los abandonará». 

Esta convicción se remarca en el pasaje que leemos hoy: primero, el Padre creador los sostendrá así como vela por la vida de sus pajaritos; segundo, el Hijo los respaldará a la hora del juicio final; tercero, el Espíritu Santo los asistirá poniendo en sus labios las palabras que necesitan en el momento del interrogatorio ante el tribunal.

La protección por parte de Dios a los discípulos está asegurada por la manera como él afronta a los perseguidores: «A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará».El problema grave es con aquél que se cierra definitivamente a la acción del Espíritu Santo que se manifiesta en Jesús y en los discípulos, éste estará perdido para siempre: «al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará».

Sólo hay una condición: si Dios se compromete de esta forma con el discípulo perseguido, entonces se le exige también al discípulo firmeza para no echarse para atrás a la hora de la verdad: debe “declarar” y no “negar” que es amigo de Jesús. 

A través de la confesión de fe de los discípulos, por el Espíritu Santo estarán siempre dando testimonio de Jesús resucitado, exaltado por el Padre desde los abismos de la muerte, y conduciendo a todo hombre a la salvación. Es el Espíritu Santo quien le da a todos la posibilidad de la conversión y del perdón. 

El Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir

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espíritu santo 3.jpgTiempo Ordinario

Sábado de la XXVIII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (12, 8-12)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios.

A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Hoy el Evangelio ahonda en el tema de la fidelidad del discípulo en el momento de la prueba. Jesús empieza diciendo: «Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios».

A nosotros se nos juzga ya por si estamos unidos o no a Jesús, hasta el punto de decir que nuestra fidelidad hace que Jesús se una a nosotros de manera aún más firme. Quien sigue el Evangelio y persevera en su camino, incluso en los momentos de la prueba, se salva porque el Señor está con él. Pero quien se deja sorprender por el miedo y reniega del Evangelio y de sus hermanos, se destruye solo.

En realidad, Jesús ya lo ha dicho otras veces: «Quien quiera salvar su vida, la perderá». Él conoce nuestra debilidad y sabe que podemos ceder a los halagos de las tentaciones y caer en el pecado. El apóstol Pedro es un ejemplo: en el momento de la pasión de Jesús, primero huyó y luego lo traicionó en la casa del Sumo Sacerdote porque tuvo miedo ante una sierva. El Señor, de todos modos, lo perdonó. Él siempre está dispuesto a perdonar.

En la página evangélica que leemos llega a decir: «A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará». Pero luego continúa: «Pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará».

También el evangelista Marcos cita estas severas palabras y añade: «Es que decían que estaba poseído por un espíritu inmundo». El pecado contra el Espíritu es no reconocer en Jesús la presencia de Dios y también no reconocer en la Iglesia, en la comunidad cristiana, la acción del Espíritu Santo. Si no reconocemos la presencia de Dios en Jesús y en la Iglesia, maldecimos a Dios y nos excluimos del camino de la salvación porque negamos en la práctica la presencia y la acción del Espíritu Santo que el Padre y el Hijo han derramado en la Iglesia.

Las palabras de Jesús son severas para quien traiciona pero son palabras de consuelo para quien persevera. El Señor, que comprende nuestra debilidad, viene siempre a nosotros, sobre todo en los momentos difíciles: «no se preocupen», nos dice, «el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir». La compañía del Señor es nuestra fuerza.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 387-388.