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Surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos

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Tiempo Ordinario

Lunes de la XXVI seman

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 46-50)

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: “El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”.

Entonces, Juan le dijo: “Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros”. Pero Jesús respondió: “No se lo prohíban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

La comunidad de Jesús no es una comunidad de hombres y mujeres perfectos. Las discusiones que hemos oído sobre quién sería el más importante -según Lucas- aparecerán incluso durante la última cena de Jesús con los discípulos (cf. Lc 22,24). 

Como antídoto a sus deseos de grandeza meramente humanos, Jesús contrapone el inesperado modelo del niño, un modelo que deberá iluminar la problemática planteada por las relaciones en el interior de la comunidad, formada por miembros muy sensibles al honor y al prestigio humano.

Jesús no presenta aquí al niño como alguien que carece de espíritu de rivalidad, sino como alguien que carece de grandeza, alguien que en el estatus social de la época no contaba en absoluto. 

En definitiva, los discípulos, a quienes se dirige Jesús poniendo al niño junto a sí, aunque no desprecian al pequeño, no desean ciertamente volver a ser como él. 

Con este gesto, que para los discípulos es desconcertante, se manifiesta de manera visible el mandato de negarse a sí mismo, de renunciar a la autoglorificación. Un signo de esta renuncia a los sueños de gloria autónoma será precisamente la acogida y la atención que los discípulos habrán de reservar a los que no cuentan desde el punto de vista humano, a los que son pequeños, irrelevantes. Sin embargo, a través de esta atención a los débiles, a los insignificantes, se abrirán a la acogida del mismo Dios. 

Lucas pone a continuación un dicho sobre las relaciones de la comunidad con el exterior. Contra el «no pertenece a nuestro grupo» -la motivación aducida por Juan para prohibir el ejercicio del exorcismo a un extraño-, Jesús pide por encima de todo que se sepa reconocer el bien allí donde se encuentre y que se abandone la lógica de la competencia. 

Tal vez, Juan desconfía del exorcista irregular no porque tema la posibilidad de que se sirva del nombre de Jesús como si se tratara de un instrumento, sino porque aquél, con su práctica sustraída a los controles de su grupo, puede disminuir a los ojos de los otros el prestigio de los discípulos. De ahí, pues, la instrucción de Jesús: «el que no está contra vosotros está de vuestra parte»: que les ayudará a superar la insidia del triunfalismo.


[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año.12., 9-10.

Le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue.

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Tiempo Ordinario

Domingo de la XXVI semana

Ciclo A

Textos

† Del evangelio según san Mateo (21, 28-32)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’.

El le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue.

El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo.

Este le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue.

¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”.

Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios.

Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”. Palabra del Señor.

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Mensaje[1]

El contexto de la enseñanza de Jesús en este pasaje es la discusión que tiene Jesús con los jefes religiosos; de hecho, es a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo a quienes se dirige la parábola. El texto que contemplamos se relaciona con otros textos.

Podría encontrarse relación con la parábola referida a la responsabilidad de dar frutos: “por eso les digo que se les quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos” (v. 43); los sumos sacerdotes que aparecen en el v. 45 son los mismos que ya habían sido mencionados en el v. 23 y forman parte del grupo que escucha ambas parábolas (vv. 28-44). 

Podríamos también pensar que la parábola de los dos hijos, tiene relación con el pasaje que habla de la higuera que no daba más que hojas. Puede decirse por tanto que el pasaje que leemos tiene como contexto un ambiente polémico con los jefes de Israel relacionado con el tema de los frutos.

El punto central de la parábola es la pregunta que lanza Jesús a los dirigentes judíos “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del Padre?”. Hacer la voluntad del Padre es lo que distingue al verdadero discípulo. Por eso el mismo evangelio de Mateo desde el comienzo ha dejado claro que no basta con decir “Señor, Señor” (así se ha dirigido el segundo a hijo a su padre) sino hacer la voluntad del Padre; se trata de oír y poner en práctica (v. 24). Más aún, la escucha de la Palabra y su cumplimiento es lo que define el verdadero parentesco con Jesús: “todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (12, 50). Hacer la voluntad del papá equivale a hacerle caso, no sólo saber lo que dice. 

De acuerdo a la parábola hacer la voluntad del padre no es dirigirse a él de manera educada y bonita solamente; de hecho, el segundo hijo le dice “señor”, una palabra que estaba reservada para los esclavos se dirigieran a sus amos. Es más, le promete obediencia. Pero ¡no va! En cambio, el otro hijo había respondido: “no quiero” pero después se arrepintió y fue. El verbo “arrepentirse” (en griego metamélomai) tiene el sentido de “decidirse en otra dirección”, “recapacitar”. Tendríamos dos hijos arrepentidos: el primer hijo de la parábola se arrepiente de haber dicho no y va; el segundo, se arrepiente de haber dicho sí, y no va. Y es que la viña no se cultiva a fuerza de buenas intenciones sino con trabajo.

El hijo que hizo la voluntad del padre no era el que simulaba portarse como hijo sino el que realmente le hacía caso. Esta parábola deja claro lo que expresa el refrán: “del dicho al hecho hay mucho trecho”.el que cumple la voluntad del papá es el que hace, no el que dice que hace. 

Pero el evangelio va más allá todavía. No se trata sólo de hacer algo sino de ír a trabajar en la viña del padre. No es suficiente con hacer o cumplir algo bueno; eso es relativamente fácil y hasta tranquilizante. Se trata de hacer la voluntad del Padre; no se trata de ser buenos, sino de comportarnos como Hijos de Dios. No se trata ni siquiera de cumplir mandamientos sin más sino de cumplirlos desde el principio del amor y del seguimiento .

Es decir, no se trata de ser buenos en lo que a nosotros nos parezca mejor o de cumplir lo que nos dé cierta tranquilidad de conciencia, sino de hacer la voluntad del Padre, es decir, vivir los principios que Dios quiere que pongamos en práctica aquí y ahora. Aquí se ubican las fortísimas palabras de Jesús dirigidas a los dirigentes judíos: “les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegarán antes que ustedes al Reino de Dios” 


[1] T. Tapia Bahena, Del encuentro con Jesucristo a la misión. Itinerarios de encuentro con la Palabra a través de la Lectio Divina. Ciclo A., 232-234.