Ecos de la Palabra

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¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?

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Tiempo Ordinario

Viernes de la XXIX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (12, 54-59)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve. Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora? Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de ahí hasta que pagues el último centavo”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

A quien le pedía un signo para creer en sus palabras, Jesús le contestaba que él era el único signo en el que se manifestaba plena y claramente el amor de Dios. ¿Por qué muchas veces no vemos los «signos del Señor» aunque los tenemos ante nuestros ojos? La respuesta es sencilla: porque estamos tan concentrados en nosotros mismos y en nuestras cosas que no somos capaces de ver nada más.

En cambio, dice Jesús, somos muy hábiles cuando se trata de saber si hará frío o calor. En estos casos levantamos la mirada para ver las nubes, o bien salimos de casa para sentir el viento. Jesús nos advierte a los discípulos que deberíamos levantar nuestros ojos para comprender el tiempo de la salvación.

El primer gran signo es el Evangelio: es el siglo de los signos. Escuchar esta palabra y ponerla en práctica es la primera obra del creyente. Luego hay otros signos: los sacramentos y en particular la santa Liturgia que nos hace partícipes del misterio de la muerte y de la resurrección del Señor. La Iglesia nos dice que la Santa Misa es el culmen y la fuente de toda la vida espiritual. Por eso deberíamos vivir con más atención los santos misterios en los que hemos sido acogidos.

Hay un signo más, un signo múltiple: son los pobres y todos aquellos que esperan ser liberados de las esclavitudes de este mundo. Desatender su situación significa no comprender el corazón de Dios y de la historia de la salvación. «¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente?», dice Jesús en el Evangelio. Es urgente comprender el mundo en el que vivimos y la cultura en la que están sumergidos hoy los pueblos. Los hombres están como sometidos a lo que podríamos llamar la «dictadura del materialismo». Es una esclavitud que se ha transformado en una especie de cultura que hace que este mundo nuestro sea aún más inhumano y violento.

Un juicio objetivo, una verdadera inteligencia de la historia, abierta a la esperanza, es consecuencia de leer las Escrituras y escuchar la Palabra de Dios habitualmente. El ejemplo que da Jesús de llegar a un acuerdo con el adversario antes de llegar a juicio -porque entonces será demasiado tarde- sugiere que si modelamos nuestra vida según el Evangelio nos podremos salvar.

La Palabra de Dios nos ayuda a descubrir los signos de la presencia de Dios, a ver la necesidad que tiene esta nuestra generación del Evangelio del amor y a contestar con aquella pasión que el Señor pide a sus discípulos, que ya son partícipes de su sueño sobre el mundo.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 394-395.

¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?

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Viernes de la XXIX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (12, 54-59)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve. Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora? Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de ahí hasta que pagues el último centavo”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Con las palabras «dijo a la multitud», el relato del evangelio de Lucas que hemos venido leyendo casi de corrido, nos indica que comienza una nueva etapa en la formación que Jesús ofrece en el camino hacia Jerusalén.  En ella Jesús hace nuevos llamados a la conversión.

En consonancia con la invitación que Jesús ha venido haciendo para que su Palabra sea “escuchada” y a partir de ella se inicie una camino de conversión y compromiso en el seguimiento, en el texto que leemos hoy Jesús insiste sobre este tema a partir de dos realidades bien conocidas por los oyentes: la experiencia cotidiana del pronóstico del tiempo y la necesidad de poner en orden las cuentas, antes que se venga un problema financiero grave sobre la casa.

En ambos casos, el análisis de la situación, conduce a una toma de decisiones. El segundo caso, de manera especial, subraya la urgencia de esta toma de decisiones.

Primera situaciónel análisis de los signos de los tiempos. Los cambios climáticos y las lluvias nos llevan a tomar decisiones en nuestra agenda o en tipo de ropa que usaremos.  Jesús dice que si sabemos interpretar los signos metereológicos, como no sabemos interpretar los signos del Reino que están presentes en su enseñanza y en sus obras!

La comparación con el “pronóstico del tiempo” subraya la secuencia ver-interpretar- verificar.  La “hipocresía”, con la que Jesús califica a los fariseos y escribas que se niegan a dar el paso de la conversión, Jesús se la aplica a la gente que no ejercita su facultad de discernimiento por una cierta rigidez interna: ¿cómo es que una persona que sabe ver todos los días los signos de los tiempos, no es capaz de ver los signos de la acción de Dios en el ministerio de Jesús?  Jesús dice: «¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?».

Segunda situaciónel caso del deudor. Jesús evoca –en forma de parábola– la situación de un hombre que tiene una deuda y al cual le van a aplicar la ley para que haga el pago respectivo.  Este hombre tiene dos opciones: o hace una conciliación, esto es, hace una negociación, con su adversario, o se atiene a las consecuencias, esto es, se va a la cárcel.  Con este ejemplo, Jesús nos subraya que es importante que arreglemos nuestros propios asuntos antes que sea demasiado tarde y ya no podamos echar para atrás, porque el momento crucial se acerca.

Aunque el énfasis de esta parábola está en “la decisión tomada a tiempo”, también se recalca que previo a tal decisión está el discernimiento, la ponderación de la situación en sus diversas facetas y decidiendo con inteligencia y buen sentido.  Cuando la vida va camino hacia la ruina, hay que detenerse para reflexionar y optar por una nueva ruta.

Frente a la persona de Jesús y su mensaje, cada uno de nosotros está siendo invitado continuamente a observar, escuchar, analizar sus signos y tomar la sabia decisión de escogerlo a él,  orientando la vida por la ruta que los signos discretos de su presencia nos señalan.

¿Por qué no interpretan los signos del tiempo presente?

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Viernes de la XXIX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (12, 54-59)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve. Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora? Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de ahí hasta que pagues el último centavo”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

A quien le pedía un signo para creer en sus palabras, Jesús le contestaba que él era el único signo en el que se manifestaba plena y claramente el amor de Dios. ¿Por qué muchas veces no vemos los «signos del Señor» aunque los tenemos ante nuestros ojos? La respuesta es sencilla: porque estamos tan concentrados en nosotros mismos y en nuestras cosas que no somos capaces de ver nada más.

En cambio, dice Jesús, somos muy hábiles cuando se trata de saber si hará frío o calor. En estos casos levantamos la mirada para ver las nubes, o bien salimos de casa para sentir el viento. Jesús nos advierte a los discípulos que deberíamos levantar nuestros ojos para comprender el tiempo de la salvación.

El primer gran signo es el Evangelio: es el siglo de los signos. Escuchar esta palabra y ponerla en práctica es la primera obra del creyente. Luego hay otros signos: los sacramentos y en particular la santa Liturgia que nos hace partícipes del misterio de la muerte y de la resurrección del Señor. La Iglesia nos dice que la Santa Misa es el culmen y la fuente de toda la vida espiritual. Por eso deberíamos vivir con más atención los santos misterios en los que hemos sido acogidos.

Hay un signo más, un signo múltiple: son los pobres y todos aquellos que esperan ser liberados de las esclavitudes de este mundo. Desatender su situación significa no comprender el corazón de Dios y de la historia de la salvación. «¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente?», dice Jesús en el Evangelio. Es urgente comprender el mundo en el que vivimos y la cultura en la que están sumergidos hoy los pueblos. Los hombres están como sometidos a lo que podríamos llamar la «dictadura del materialismo». Es una esclavitud que se ha transformado en una especie de cultura que hace que este mundo nuestro sea aún más inhumano y violento.

Un juicio objetivo, una verdadera inteligencia de la historia, abierta a la esperanza, es consecuencia de leer las Escrituras y escuchar la Palabra de Dios habitualmente. El ejemplo que da Jesús de llegar a un acuerdo con el adversario antes de llegar a juicio -porque entonces será demasiado tarde- sugiere que si modelamos nuestra vida según el Evangelio nos podremos salvar.

La Palabra de Dios nos ayuda a descubrir los signos de la presencia de Dios, a ver la necesidad que tiene esta nuestra generación del Evangelio del amor y a contestar con aquella pasión que el Señor pide a sus discípulos, que ya son partícipes de su sueño sobre el mundo.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 394-395.