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Llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos

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Martes de la XXIII semana

Textos 

† Del evangelio según san Lucas (6, 12-19)

Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa, de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados.

Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

En los pasajes de Lucas que hemos leído hasta ahora, hemos visto cómo Jesús ha venido formando progresivamente una comunidad en torno suyo. Hemos visto también cuál es la experiencia de fondo que caracteriza esta nueva comunidad y en qué se basa ésta.

Ahora el evangelio de Lucas comienza con una nueva sección en la que vemos cómo, a partir de un grupo elegido de Doce, el Maestro conduce un itinerario particular de formación que tiene dos finalidades: el aprendizaje de la “palabra” de Jesús y  el aprendizaje de la “misión”.

Esta sección concluirá en el capítulo nueve, cuando los Doce van en misión y al regresar reciben la lección sobre la Cruz. Este se intuye desde este pasaje, cuando los discípulos comienzan a ser llamados también “apóstoles”.

En toda esta sección del evangelio los discípulos aparecen en el trasfondo de la misión de Jesús, se les menciona solamente en momentos clave, porque el centro es Jesús quien con sus palabras y obras de poder revela el núcleo del evangelio. Por lo pronto, la tarea de los discípulos es “oír” y “ver”.

El primer paso que Jesús da es la diferenciación del grupo de los Doce de la multitud y del resto de los discípulos.

Jesús hace una vigilia de oración en la montaña

Este pasar la noche entera en oración es significativo y debería atraernos para una amorosa contemplación de este momento. Sabemos que el tema de la oración es importante en el evangelio de Lucas y que Jesús es el modelo del orante. Todo el ministerio de Jesús, hasta su último instante en la Cruz, tiene como constante la oración. Esto se deja ver en los momentos decisivos del ministerio y éste de la elección de los Doce es uno de ellos: ¡Cuando Jesús tiene que tomar una decisión importante, ora!

En la mención explícita de este texto, «Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios» , aprendemos que: Dios Padre está en la raíz de toda experiencia vocacional: él está allí presente, manos a la obra, guiando la historia de la salvación, en la cual se inserta todo llamado particular para una tarea dentro de ella; Jesús invoca la bendición de Dios sobre el acto que está a punto de realizar.

La oración es uno de los elementos más importantes del discipulado; ya que es el punto de partida del itinerario de los Doce, a lo largo de su vida éstos tendrán que volver una y otra vez a este momento primero.

Jesús distingue a los Doce del amplio grupo de discípulos

A los Doce también los llamó “apóstoles”, que significa, enviados. El número evoca la comunidad de la primera Alianza: las doce tribus de Israel. Éstas, en el momento del ministerio de Jesús, ya prácticamente no existen como tales -sólo quedaban dos tribus y media); de ahí que el formar una comunidad precisamente con este número es una provocación profética de Jesús, una forma concreta de llamar a todo el pueblo de Dios.

Desde el Antiguo Testamento se ve cómo Dios tenía en su proyecto la formación de un pueblo que fuera modelo y convocara a todos los pueblos de la tierra al servicio del único Dios. El llamado de los Doce nos coloca ante un aspecto fundamental del ministerio de Jesús: la Alianza y la vocación fundamental del pueblo de Dios.

Por otra parte, el título “apóstol” se refiere explícitamente a la futura misión que le aguarda a los escogidos: ellos continuarán la obra de Jesús en el mundo. Según una antigua disposición jurídica de Israel, “el enviado es como el que envía”. Los Doce, entonces, serán los representantes de Jesús

Jesús escoge a sus apóstoles entre aquellas personas que ya lo han oído y visto en acción

En un pasaje anterior Lucas había anotado que “se congregaban grandes muchedumbres para oirle y para que los sanara de sus enfermedades”. Pues bien, con esos mismos términos se describe en el texto que consideramos la “mucha gente, que había venido… a oírlo y a que los curara de sus enfermedades.”

De entre los discípulos fueron tomados los Doce. Es bello el encuentro de Jesús y los Doce, con la inmensa multitud que los aguarda en la planicie, una vez que bajan de la montaña de la oración y la vocación.

Cuando los Doce bajan con Jesús de la montaña, lo primero que encuentran es el cruel escenario de una humanidad herida y necesitada. Pero llama la atención que toda esta multitud de personas venidas incluso de las regiones paganas de la costa marítima -Tiro y Sidón- ; se sienten atraídas, fascinadas por el Maestro de Nazaret.

Al contemplar a Jesús, percibiendo que “salía de él una fuerza que sanaba a todos”, los Doce comienzan a comprender el sentido de su vocación y para qué los quiere capacitar el Maestro. Por eso ellos deben abrirse a los dones del Maestro y, como se verá, deberán ser los primeros oyentes del discurso que sigue.

[1] F. Oñoro, En la montaña de la oración y la vocación: Jesús crea un nuevo Pueblo de Dios: Pistas para la Lectio Divina de Lucas 6,12-19. CEBIPAL CELAM.