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Estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado

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Tiempo Ordinario

Lunes de la XXIII semana

Textos 

† Del evangelio según san Lucas (6, 6-11)

Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo.

Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano paralizada: “Levántate y ponte ahí en medio”. El hombre se levantó y se puso en medio. Entonces Jesús les dijo: “Les voy a hacer una pregunta:

¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella?” Y después de recorrer con la vista a todos los presentes, le dijo al hombre: “Extiende la mano”. El la extendió y quedó curado.

Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo que le iban a hacer a Jesús. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús todavía está en la sinagoga y empieza a enseñar. Entre los asistentes hay un hombre con una mano paralizada. El evangelista no dice nada de las intenciones de aquel hombre, es decir, si había ido allí para ser curado. Tener la mano derecha paralizada, sin duda, dificulta trabajar.

En aquel hombre podemos ver a todos los que están excluidos del trabajo, tanto por enfermedad como por pérdida o ausencia de empleo. Y por desgracia en la actualidad su número ha aumentado y muchas veces nadie se acuerda de ellos.

En aquella sinagoga también están los fariseos y también ellos se percatan de la presencia de aquel hombre. El evangelista sugiere que en su corazón esperan que Jesús haga el milagro para poder acusarle. Es una distorsión del corazón que nace de la voluntad de defenderse a sí mismos y su rol.

Si aplicamos esta página a la situación actual del mundo del trabajo vemos que a menudo este se rige por el beneficio, las ganancias, y no por la dignidad de la persona que trabaja. Jesús, al llamar a aquel hombre para que se ponga en el centro, nos recuerda precisamente la centralidad del hombre sobre todo cuando es débil, pobre o está enfermo. Estos son los que debemos poner en el centro de nuestra atención, como pasó aquel sábado con aquel hombre.

Tuvo que ser Jesús el que, con una orden clara, para mostrar la firmeza que hay que tener en estos casos, dijera a aquel hombre: «Levántate y ponte ahí en medio». Y con la autoridad del amor que viene de Dios, Jesús deja claro que la Ley establece el «sábado» para el bien del hombre.

Por eso, después de mirar en el interior del corazón de los presentes, se dirige al hombre de la mano paralizada y le dice: «extiende tu mano». El hombre obedece y descubre que está curado. Parece oír el eco de las palabras de Dios los días de la creación, cuando el mundo tomaba forma según las palabras del Creador.

Aquel sábado Jesús continuaba la obra de la creación devolviéndole a aquel hombre la capacidad de trabajar. Cada vez que el hombre puede trabajar con dignidad se pueden repetir las palabras del Génesis: «Y vio Dios que estaba bien». Solo quienes son ciegos de corazón, como lo eran los fariseos de ayer y los de hoy, pueden entristecerse.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 341-342.

Pero Jesús, conociendo sus intenciones…

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Textos

† Del evangelio según san Lucas (6, 6-11)

Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo.

Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano paralizada: “Levántate y ponte ahí en medio”. El hombre se levantó y se puso en medio. Entonces Jesús les dijo: “Les voy a hacer una pregunta:

¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella?” Y después de recorrer con la vista a todos los presentes, le dijo al hombre: “Extiende la mano”. El la extendió y quedó curado.

Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo que le iban a hacer a Jesús. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Después de haber visto de cerca la misericordia de Jesús con ellos mismos, en la escena de las espigas arrancadas en sábado, los discípulos pasan a un segundo plano y nos encontramos con un pasaje que destaca la increíble misericordia de Jesús con los enfermos. De nuevo Jesús hace una obra prohibida en sábado y, más aún, en la sinagoga, delante del pueblo reunido para celebrar el reposo sabático.  

En el texto que leemos, vemos a Jesús entrar en una sinagoga con la intención clara de “enseñar’. Allí Jesús no aparece leyendo la Biblia ni haciendo un discurso: el contenido de la enseñanza es la curación de un hombre que tiene la mano paralizada. Jesús no solamente enseña con palabras sino también con hechos concretos. La iniciativa proviene de Jesús. El hombre con la deficiencia física no le ha pedido ningún favor, simplemente se enuncia: «Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada».

La enfermedad de este hombre no es grave, no estamos ante una situación desesperada. El hecho de que Jesús se interese por restablecer la mano derecha de este hombre, muestra que para Jesús todas las situaciones en las que las personas se ven limitadas para su bienestar son importantes. Incluso aquellos casos que habitualmente pasan desapercibidos ante la gente.

Jesús conoce los pensamientos e intenciones de sus adversarios. Éstos consideran que Jesús tiene comportamientos heréticos y le montan una pesquisa que el evangelio describe como espionaje: «Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo.» Enseguida se dice que él escruta su interior: «Pero Jesús, conociendo sus intenciones…».

Jesús actúa abiertamente, hace que el hombre se ponga de pie:  «¡Levántate!»; lo invita a colocarse en medio de todos:  «¡Ponte ahí en medio!»; le pide que extienda sus manos:  «¡Extiende tu mano!».  Jesús desafía a sus adversarios. El punto central de la enseñanza de Jesús se descubre en la pregunta que los escribas y fariseos deben responderle «¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella

Notemos el énfasis: el espíritu de la Ley del sábado es “hacer el bien”, lo cual para Jesús es una forma concreta de “salvar una vida”; dejar de hacer el bien –la omisión- es una mala acción, no puede haber un verdadero culto a Dios cuando falta el interés por el prójimo. Jesús no da chance de responder porque la respuesta es obvia; luego confirma su verdad curando la mano del hombre delante de todos. 

La tensión aumenta. Ante la evidencia, los adversarios se ofuscan y comienzan a deliberar entre sí de qué manera se van a deshacer del incómodo profeta. Ahora sabemos que Jesús tiene enemigos; estos, de la crítica pasan a la deliberación del asesinato del profeta. Así en este pasaje se introduce el tema del rechazo de Jesús, pero Él, va mucho más allá. Su libertad profética es mayor, al considerar excepcional cualquier situación de sufrimiento, por pequeña que parezca. 

Los discípulos de Jesús aprenden esta libertad interior que los impulsa a hacer el bien y salvar una vida cada vez que se presente la ocasión. Ellos harán el bien sin ponerse límites. Trabajarán a toda costa por la vida. ¡Es la prioridad del evangelio! 

¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal…?

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mano paralizada

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Lunes de la XXIII semana

Textos 

† Del evangelio según san Lucas (6, 6-11)

Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo.

Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano paralizada: “Levántate y ponte ahí en medio”. El hombre se levantó y se puso en medio. Entonces Jesús les dijo: “Les voy a hacer una pregunta:

¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella?” Y después de recorrer con la vista a todos los presentes, le dijo al hombre: “Extiende la mano”. El la extendió y quedó curado.

Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo que le iban a hacer a Jesús. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús todavía está en la sinagoga y empieza a enseñar. Entre los asistentes hay un hombre con una mano paralizada. El evangelista no dice nada de las intenciones de aquel hombre, es decir, si había ido allí para ser curado. Tener la mano derecha paralizada, sin duda, dificulta trabajar.

En aquel hombre podemos ver a todos los que están excluidos del trabajo, tanto por enfermedad como por pérdida o ausencia de empleo. Y por desgracia en la actualidad su número ha aumentado y muchas veces nadie se acuerda de ellos.

En aquella sinagoga también están los fariseos y también ellos se percatan de la presencia de aquel hombre. El evangelista sugiere que en su corazón esperan que Jesús haga el milagro para poder acusarle. Es una distorsión del corazón que nace de la voluntad de defenderse a sí mismos y su rol.

Si aplicamos esta página a la situación actual del mundo del trabajo vemos que a menudo este se rige por el beneficio, las ganancias, y no por la dignidad de la persona que trabaja. Jesús, al llamar a aquel hombre para que se ponga en el centro, nos recuerda precisamente la centralidad del hombre sobre todo cuando es débil, pobre o está enfermo. Estos son los que debemos poner en el centro de nuestra atención, como pasó aquel sábado con aquel hombre.

Tuvo que ser Jesús el que, con una orden clara, para mostrar la firmeza que hay que tener en estos casos, dijera a aquel hombre: «Levántate y ponte ahí en medio». Y con la autoridad del amor que viene de Dios, Jesús deja claro que la Ley establece el «sábado» para el bien del hombre.

Por eso, después de mirar en el interior del corazón de los presentes, se dirige al hombre de la mano paralizada y le dice: «extiende tu mano». El hombre obedece y descubre que está curado. Parece oír el eco de las palabras de Dios los días de la creación, cuando el mundo tomaba forma según las palabras del Creador.

Aquel sábado Jesús continuaba la obra de la creación devolviéndole a aquel hombre la capacidad de trabajar. Cada vez que el hombre puede trabajar con dignidad se pueden repetir las palabras del Génesis: «Y vio Dios que estaba bien». Solo quienes son ciegos de corazón, como lo eran los fariseos de ayer y los de hoy, pueden entristecerse.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 341-342.