Ecos de la Palabra

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El Hijo del hombre también es dueño del sábado

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Tiempo Ordinario

Sábado de la XXII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (6, 1-5)

Un sábado, Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar, las restregaban entre las manos y se comían los granos, Entonces unos fariseos les dijeron: “¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?” 

Jesús les respondió: “¿Acaso no han leído lo que hizo David una vez que tenían hambre él y sus hombres? Entró en el templo y tomando los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer, comió de ellos y les dio también a sus hombres”.

Y añadió: “El Hijo del hombre también es dueño del sábado”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El evangelio nos presenta la gran libertad de Jesús y sus discípulos, ante la instituciones que nunca deben ser un fin en sí mismas sino mediaciones.

Fue Dios quien prescribió en la Ley la observancia del Sábado, por tanto cuando Jesús les dice que Él es el Señor del Sábado, Él se está identificando con Dios. Esta afirmación enfurece a los fariseos, y finalmente lo conducirá a su muerte.

Los fariseos buscan preservar las estructuras y las restricciones; pero ellos habían perdido de vista las necesidades humanas ordinarias. Jesús los llama a recuperar el sentido de lo que es importante. 

La ley de Dios es la ley de la libertad, puesto que nuestro legislador se describe a sí mismo como misericordioso y compasivo. Si insistimos en la observancia de la letra de la ley en vez de su espíritu podemos fácilmente terminar alejados de Dios en vez de cercanos a su voluntad.

Por eso les dice ¡el Hijo del Hombre es el señor del sábado! No extraña que los judíos encontraran difícil a Jesús: ellos entendían correctamente que pregonaba ser el mismo Dios. A veces reducimos a Jesús a su mensaje de amor y perdón universal, y no estamos listos para aceptar su demanda de que también era nuestro Señor y Dios.

Dios no está obsesionado con las reglas y las regulaciones; como dice San Pablo, la ley es como un pedagogo, un auxiliar, el signo visible de que se vive la Alianza con Dios. Si el cumplimiento de la ley sofoca la alegría y se traduce en obsesión, el efecto que consiguió es contrario a lo que Dios quiere, que es la libertad de sus hijos.

Hay que estar dispuestos a hacer siempre el bien y las leyes ayudan cuando lo facilitan no cuando lo impiden; las leyes y normas son propicias cuando señalan los límites de la justicia necesario para recorrer el camino del amor.

El Hijo del hombre también es dueño del sábado

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cortando trigo 

Tiempo Ordinario

Sábado de la XXII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (6, 1-5)

Un sábado, Jesús iba atravesando unos sembrados y sus discípulos arrancaban espigas al pasar, las restregaban entre las manos y se comían los granos, Entonces unos fariseos les dijeron: “¿Por qué hacen lo que está prohibido hacer en sábado?”

Jesús les respondió: “¿Acaso no han leído lo que hizo David una vez que tenían hambre él y sus hombres? Entró en el templo y tomando los panes sagrados, que sólo los sacerdotes podían comer, comió de ellos y les dio también a sus hombres”.

Y añadió: “El Hijo del hombre también es dueño del sábado”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

La extensa lista de las prohibiciones relativas al reposo sabático incluía -y sigue incluyendo todavía hoy hasta la preparación de la comida, además del «trabajo de recogida» con el que se manchan los discípulos de Jesús.

A la pregunta de los maestros de la Ley y de los fariseos, que se atienen de manera escrupulosa al precepto de la Torá, Jesús responde remitiéndose al episodio narrado en el primer libro de Samuel (c. 21) a propósito del rey David y de sus compañeros. Sin embargo, con las palabras «el Hijo del hombre también es dueño del sábado» no pretende compararse Jesús tanto con el rey de Israel, heredero de las promesas, como con Dios mismo.

La ley correspondiente al sábado fue promulgada claramente, en efecto, por Yahvé y entregada a su pueblo en tablas de piedra en el Sinaí. Por otra parte, en el relato del Génesis, se presenta a Dios como el que «reposó el séptimo día», día consagrado por Él y bendecido (Gn 2,2ss). Puede decirse que el Dios de Israel es el «Dios del sábado» y que el sábado es el día de Dios. De este modo, Jesús se pone en el sitio de Dios, aunque la suya no es una usurpación ilícita: se pone en el sitio del Creador para completar su obra allí donde el hombre la había interrumpido alejándose con el pecado.

El Hijo ha venido, en efecto, a consolar, a sanar, a reconciliar. Ahora bien, lo que pertenece a Jesús se extiende también a los suyos: así sucede con la libertad respecto al precepto sabático y a toda ley cuando se opone al bien de la vida humana.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., XI, 246-247.