Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: XXII Jueves Tiempo Ordinario

Dejándolo todo, lo siguieron

0

Tiempo Ordinario

Jueves de la XXII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (5, 1-11)

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”.

Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían.

Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos.

Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje

El evangelio nos presenta un relato de vocación de los discípulos de Jesús.  El relato tiene tres partes: 1. La predicación de Jesús a orillas del lago, desde la barca de Pedro; 2. La pesca milagrosa por el poder de la palabra de Jesús y 3. El llamado de Simón Pedro y sus tres compañeros, y el comienzo del seguimiento. 

El movimiento de ida y vuelta, al interior y a orillas del lago, es significativo porque gira en torno a dos palabras de poder de Jesús que se colocan al mismo nivel: «Rema mar adentro y echen las redes para pescar»  y «No temas, desde ahora serás pescador de hombres».

La dinámica del relato impulsa hacia la tercera escena: el llamado a orillas del lago –con un gesto de perdón- y el comienzo del seguimiento de Jesús dejando atrás las barcas.  Notemos cómo en este relato se van describiendo cinco elementos clave del discipulado según el evangelista Lucas: 

Primero.  Una persona se hace discípula de Jesús después haber escuchado las palabras y de haber observado las obras poderosas de Jesús. Segundo. Jesús llama a pecadores y marginados. Tercero. El llamado al discipulado incluye una responsabilidad misionera. Cuarto. El discipulado tiene la forma de un viaje junto con Jesús. *Quinto*. Aquel a quien Jesús llama debe adoptar una actitud de desapego de sus propios bienes.

Para que la adhesión de corazón al Maestro sea posible también se requiere dejar atrás todo lo que impide la disponibilidad para caminar junto con él. Por eso el “seguir” tiene como presupuesto el “dejarlo todo”.  Símbolo de esto es el gesto del llevar “a tierra las barcas”, que en nuestro pasaje describe el momento en el cual los discípulos las sacan completamente del agua y las dejan inutilizadas en tierra. Con esto se anuncia un nuevo comienzo.

Así como su Maestro, el discípulo debe ser una persona libre que no se deja atar por nada ni por nadie. La renuncia a los bienes es la premisa de la construcción de una nueva jerarquía de valores y de una nueva visión de la vida que parte de la visión de Jesús. Por otra parte, sin esta apertura total al Maestro, dejando atrás las propias seguridades, no es posible la formación, porque “el vino nuevo debe echarse en odres nuevos”. 

Esta página que leemos hoy, y que está a la base de los relatos que leeremos a continuación, va más allá de la simple anécdota vocacional. 

Nos deja claro que todos los discípulos y discípulas de Jesús debemos volver una y otra vez a este momento primero. Sólo así se renovarán nuestras vidas y se hará más intensa la fuerza de la misión que nos ha sido confiada, en una fresca espiritualidad de la escucha del Maestro que nos llama constantemente con su palabra viva. 

Confiado en tu palabra echaré las redes

0

barca

Tiempo Ordinario

Jueves de la XXII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (5, 1-11)

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”.

Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían.

Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos.

Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían

conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Jesús se encuentra ahora a orillas del lago de Genesaret rodeado por una muchedumbre que acude de todas partes para escuchar sus enseñanzas y alimentar la esperanza en un futuro mejor. Jesús ya no habla solo en la sinagoga, sino que considera oportuno comunicar su Evangelio al aire libre, por las calles y las plazas, a orillas del lago. Es la imagen del buen pastor al que le gusta estar entre su rebaño.

En el corazón de este misterio entre las muchedumbres Jesús llama a sus primeros discípulos, como si quisiera subrayar el lugar y el modo de la misión de los apóstoles de ayer y de hoy. Hay tanto alboroto que Jesús, para que no le aplasten, le pide a Simón que suban a la barca y que se alejen un poco de la orilla. Desde la barca de Pedro Jesús enseña a la gente.

Cuando termina de hablar a la gente, Jesús le pide a Simón que vaya mar adentro y tire las redes. Simón y los demás que están con él escuchan perplejos. Simón comunica: «Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada». Está realmente cansado. Pero era inevitable que la pesca sin la presencia del Señor no hubiera dado fruto. En el discurso de la última cena lo dirá claramente: «El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada».

Sin embargo, Simón, que había empezado a confiar en Jesús, añade inmediatamente: «confiado en tu palabra echaré las redes». Estaba cansado, no lo había comprendido todo, pero las enseñanzas de Jesús lo habían impresionado fuertemente. Y obedeció. Obedecer no comporta siempre comprender completamente; obedecer requiere confianza. Y se produjo una pesca milagrosa.

Simón Pedro -el evangelista añade aquí el nuevo nombre «Pedro»-, al ver el milagro, se arrodilla ante Jesús. Es un gesto fruto del estupor pero sobre todo de la confianza absoluta. Jesús, dirigiéndose a Simón, le dice que se convertirá en pescador de hombres. Los cuatro pescadores dejan las redes y empiezan a seguirlo. Aquel día empezó la historia de esta singular fraternidad que es la Iglesia. Aquella barca ya está mar adentro en la historia. Y Jesús continúa llamando a nuevos brazos para que la red de la misericordia crezca y no deje a nadie fuera.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 337-338.