Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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Oye la palabra y la acepta… pero no la deja echar raíces.

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Tiempo Ordinario

Viernes de la XVI semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (13, 18-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El pasaje evangélico reproduce la explicación de la parábola del sembrador que el mismo Jesús hizo a sus discípulos. El sembrador tira abundantemente las semillas que son la «palabra del Reino», aclara Jesús. Pero solo las semillas que caen sobre tierra buena dan un fruto abundante.

Las semillas que caen en el camino son arrebatadas por el Maligno, dice Jesús. Es lo que le pasa a quien escucha pero no comprende, recibe pero no deja que cale el mensaje evangélico. Por otra parte están las semillas que caen en un terreno rocoso. Ese el caso de quien tiene buena voluntad por escuchar pero luego deja que las dificultades, las tribulaciones y la inconstancia le superen. También hay semillas que caen entre abrojos: estos escuchan pero las preocupaciones mundanas y la riqueza prevalecen sobre la fuerza de las semillas.

Por último está la tierra buena que escucha y sabe hacer que el Evangelio dé fruto. Jesús no dice quién es el sembrador, aunque es evidente que se trata de él mismo. Es suya, y no nuestra ni de otros, la generosidad mostrada al tirar las semillas. No elige antes el terreno en el que tirará las semillas. Parece que muestre confianza también hacia aquellos terrenos que son más un camino o un lugar pedregoso que un lugar arado Y disponible.

Para el sembrador todos los terrenos son importantes. y el terreno es el corazón de los hombres. Y quizás deberíamos considerar que nuestro corazón no está para siempre en uno u otro terreno. A veces nuestro corazón es como un camino pedregoso, o inconsistente, o incluso lleno de abrojos, mientras que otras veces es una tierra buena. El Señor nos pide que seamos tierra buena y acogedora. También nos pide que le ayudemos a sembrar por todas partes. Por eso ruega al Padre que envíe obreros a su viña; en este caso, que envíe sembradores a los incontables terrenos de este mundo nuestro.

Jesús nos pide que tengamos su misma generosidad cuando sembramos. En cualquier caso las semillas no son nuestras, sino que nos las da el Señor: es el Evangelio.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 293-294.

Lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto

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fruto Tiempo Ordinario

Viernes de la XVI semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (13, 18-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el evangelio de hoy, tenemos la oportunidad de profundizar la parábola del sembrador que nos confronta con la seriedad con que acogemos la semilla que es la Palabra.

La Palabra, como semilla, es fuerza de vida que comienza a generar procesos en la vida de quien la recibe. Es aquí donde cuenta mucho la responsabilidad de cada oyente de la Palabra.

Mateo enfatiza el término “entender”, que aquí tiene el sentido de “arraigar”, de hacer un espacio en la vida, de dejarse confrontar por la Palabra. Lo cierto es que algunas experiencias de escucha no tienen el espacio suficiente para que ella haga su efecto y entonces se pierde rápidamente el primer esfuerzo. Hay oyentes distraídos que no se dan al menos un espacio de oración para asimilar la Palabra oída o leída, o más exactamente, para “entenderla”.

Sucede a veces que se vive una vida espiritual hecha de momentos puntuales pero no se cultivan procesos; no se da seguimiento a la moción, a la inspiración, al propósito que aparece en el corazón cuando se la escucha. A ésta realidad se alude cuando se advierte que uno de los factores que provocan fracasos y desilusiones es la “falta de raíz en sí mismo”, la cual está acompañada de la “inconstancia”.  Se vive de emociones, de momentos luminosos y bellos, de ahí que ésta se vuelva pasajera. Mucho más cuando se viven momentos duros de confrontación, “una tribulación o persecución por causa de la Palabra”, entonces la persona “se escandaliza” porque sólo quiere gloria pero no cruz.

Hay personas que han realizado un camino de vida espiritual serio y prolongado, pero descuidan la necesaria “vigilancia” espiritual. Existen dos factores que hay que discernir constantemente en la vida espiritual para que el camino de maduración sea siempre ascendente y provechoso: 1. las preocupaciones del mundo -estrés-; 2. la seducción de las riquezas o los apegos que distraen el corazón de lo esencial. Ambos casos ya fueron tratados en el Sermón de la Montaña: tenemos aquí un signo claro de una Palabra que ha sido oída, aceptada con gusto, pero que no ha purificado verdaderamente el corazón.

Al final, en el perfil del oyente ideal de la Palabra, nos encontramos de nuevo el término “entender”. Este conocimiento profundo supone una experiencia vital de la Palabra que, en cuanto semilla, ha germinado y está en condiciones de dar los frutos de vida del cual es portadora.

A veces nos preguntamos por qué, a pesar de tantos esfuerzos, seguimos todavía en el mismo punto, sin percibir avances reales en la vida espiritual. Hoy el evangelio nos ayuda a entenderlo.

Jesús es el sembrador, a nadie niega la semilla que es su Palabra, cada quien la acoge según la disposición de su corazón: la pierde, la sofoca o la deja dar fruto. La semilla es buena, de la mejor calidad ¿qué terreno le ofrezco?

 

Escuchen lo que significa la parábola del sembrador

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jesús y sus discípulos 8 Tiempo Ordinario

Viernes de la XVI semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (13, 18-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El pasaje evangélico reproduce la explicación de la parábola del sembrador que el mismo Jesús hizo a sus discípulos. El sembrador tira abundantemente las semillas que son la «palabra del Reino», aclara Jesús. Pero solo las semillas que caen sobre tierra buena dan un fruto abundante.

Las semillas que caen en el camino son arrebatadas por el Maligno, dice Jesús. Es lo que le pasa a quien escucha pero no comprende, recibe pero no deja que cale el mensaje evangélico. Por otra parte están las semillas que caen en un terreno rocoso. Ese el caso de quien tiene buena voluntad por escuchar pero luego deja que las dificultades, las tribulaciones y la inconstancia le superen. También hay semillas que caen entre abrojos: estos escuchan pero las preocupaciones mundanas y la riqueza prevalecen sobre la fuerza de las semillas.

Por último está la tierra buena que escucha y sabe hacer que el Evangelio dé fruto. Jesús no dice quién es el sembrador, aunque es evidente que se trata de él mismo. Es suya, y no nuestra ni de otros, la generosidad mostrada al tirar las semillas. No elige antes el terreno en el que tirará las semillas. Parece que muestre confianza también hacia aquellos terrenos que son más un camino o un lugar pedregoso que un lugar arado Y disponible.

Para el sembrador todos los terrenos son importantes. y el terreno es el corazón de los hombres. Y quizás deberíamos considerar que nuestro corazón no está para siempre en uno u otro terreno. A veces nuestro corazón es como un camino pedregoso, o inconsistente, o incluso lleno de abrojos, mientras que otras veces es una tierra buena. El Señor nos pide que seamos tierra buena y acogedora. También nos pide que le ayudemos a sembrar por todas partes. Por eso ruega al Padre que envíe obreros a su viña; en este caso, que envíe sembradores a los incontables terrenos de este mundo nuestro.

Jesús nos pide que tengamos su misma generosidad cuando sembramos. En cualquier caso las semillas no son nuestras, sino que nos las da el Señor: es el Evangelio.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 293-294.