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Los odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.

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oveja entre lobosTiempo Ordinario

Viernes de la XIV semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (10, 16-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas.

Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo del hombre”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El evangelio de este día, después de haber considerado el dónde y el qué de la misión, así como los rasgos de la personalidad de los discípulos para que puedan ser mensajeros de paz, expone con realismo una arista dolorosa de la misión: los conflictos que surgen por el anuncio del Reino. ¿Qué hacer cuando se presentan?.

La situación de los misioneros es verdaderamente desafiante: viven y evangelizan en un medio hostil. Puesto que la predicación de la justicia del Reino toca proféticamente los intereses de una sociedad injusta, una posible respuesta es el ataque furioso de quienes no quieren perder sus privilegios y prefieren seguir en su injusticia.

El texto nos coloca primero frente a tres actitudes que en estas situaciones han de asumir los discípulos de Jesús. Primera: la mansedumbre: «los envío como ovejas entre lobos», el discípulo nunca responderá con violencia; segunda, la sagacidad: «sean precavidos como las serpientes», el discípulo ha de tener la astucia para solucionar los problemas o salir a tiempo de los mismos; tercera, la sencillez: «sean… sencillos como las palomas», el discípulo debe cuidar de que las dificultades no alteren su ánimo y no quedar tan arisco que ya nadie se le pueda acercar.

El Señor no oculta la realidad de la persecución y del martirio: «los llevarán.., los azotarán… los odiarán… cuando los persigan…»_ Los misioneros serán tratados en algunas partes como delincuentes, como gente subversiva de un orden establecido al que incomodan notablemente con su vida y su palabra, afectando a quienes están interesados en que nada cambie y son intolerantes con quien afecta sus intereses.

Jesús enumera los diversos ámbitos de persecución: la sinagoga, el ámbito religioso; los palacios de los gobernadores, el ámbito político; las ciudades, el ámbito social y cultural y la propia casa, el ámbito familiar.

En todos estos ámbitos la situación será difícil, sin embargo, recibirán la asistencia de Dios para transformar la adversidad en oportunidad: _«cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.»_

Dios no desampara a quien confiando en Él entró con todo su ser a sembrar la semilla del Reino en un mundo conflictivo y le da su ayuda a través de su Espíritu Santo. La adversidad dará la ocasión para testimoniar con radicalidad que Dios es el Señor de la vida, que es fiel y siempre cumple su Palabra: «el que persevere hasta el fin, se salvará.»

¿Qué debe tener en mente el discípulo cuando se presentan todas estas dificultades? Que la persecución por causa de la misión, es parte integral de la misma vida de Jesús y que quien lo sigue debe tenerla en su horizonte. Los sufrimientos y persecuciones por causa de la misión deben vivirse con la mirada puesta en el evangelio, aprendiendo de Jesús que enfrentó numerosos conflictos, pues «no está el discípulo por encima del Maestro y le basta ser como Él», para ello, en Él debe reposar nuestra mirada, Él debe ser nuestra inspiración y nuestros pasos deben ir tras los suyos.

 

 

 

Los envío como ovejas entre lobos

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oveja entre lobosTiempo Ordinario

Viernes de la XIV semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (10, 16-23)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas.

Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo del hombre”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús predice persecuciones a sus discípulos. El amor evangélico, aquel amor que es totalmente gratuito y sin reciprocidad alguna, es un estorbo para la obra del príncipe de este mundo, una obra de división. Por eso Jesús dice: «Yo los envío como ovejas entre lobos». Y las ovejas son siempre más débiles que los lobos, y parecen condenadas a perder siempre. Pero ese es precisamente el misterio de la misión de Jesús, que él confió a su Iglesia.

El padre Andrea Santoro, asesinado en Turquía, decía:  «Los cristianos tenemos una ventaja, y es que creemos en un Dios inerme; en un Cristo que nos invita a amar a los enemigos, a servir para ser ‘señores’ de la casa, a ponemos los últimos para ser los primeros, en un evangelio que prohíbe el odio, la ira, el juicio, el dominio; en un Dios que se hace cordero y se deja atacar para dar muerte en él al orgullo y al odio; en un Dios que atrae con el amor y no domina con el poder; y esa es una ventaja que no debemos perder».

Y citaba a san Juan Crisóstomo: Cristo apacienta ovejas, no lobos. Si somos ovejas venceremos; si somos lobos perderemos. A pesar de la humildad y de la simplicidad de las «palomas», los cristianos se oponen, con sus palabras y su conducta, al egoísmo y lo desenmascaran. De ahí nace la persecución y el sufrimiento, el intento de eliminar a los verdaderos testigos de la fe. Nosotros, que vivimos en el tercer milenio, debemos aprender del Evangelio a distinguir cuándo ya no es posible llegar a compromisos con un mundo que quiere ahogar la Palabra de Dios haciendo callar a quien da testimonio de ella.

Ante ciertas injusticias, ante el escándalo del sufrimiento de los más débiles, ante la eliminación de la vida, ante las heridas de un mundo cada vez más dividido entre muchos pobres y pocos ricos, el discípulo, aun sabiendo que encontrará oposición, no puede callar y no anunciar con la vida que es hijo de Dios y no de este mundo. Nos animan y nos consuelan las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy: «El que persevere hasta el fin, ese se salvará».

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 278-279.