Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: X. Viernes Tiempo Ordinario

El que se divorcia… expone a su mujer…

0
anillosTiempo Ordinario

Viernes de la X Semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (5, 27-32)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio; pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.

Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.

También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Las breves declaraciones, inicial y el final, de la enseñanza de Mateo en este texto, constituyen una amonestación que, tomada al pie de la letra, afecta al hombre, al varón. Ni Jesús, al hablar, ni los evangelistas, al escribir, se apartaban de la mentalidad de su tiempo.

El «caso serio» del adulterio, analizado a través de las acciones gloriosas y las ignominias de la condición masculina, al igual que en el Antiguo Testamento, encuentra un puesto relevante y una sensibilidad (innovadora, por otra parte) en la «cultura» neotestamentaria. El mismo Mateo nos referirá la posición y el pensamiento de Jesús sobre el matrimonio y el adulterio, así como sobre la castidad y el celibato, animados por la pureza de corazón, la justicia y la misericordia (Mt 19,1-12).

Tanto el adulterio como el divorcio, también según Jesús, son un fracaso e incluso pecado en cuanto violación del mandamiento divino. Jesús lleva la situación a la raíz, más allá del resultado relacional y de las implicaciones jurídicas: cala en la interioridad, revela la intención, verifica los presupuestos motivacionales y las finalidades morales e inmorales, predice los resultados nefastos.

Esa raíz ha de ser, sanada de nuevo. No detenerse en el exterior, sino calar en el interior constituye una constante en la enseñanza de Jesús (cf. Mt 15,1 l.18ss), a quien no le faltaban conocimientos psicológicos (Jn 2,25b). El caso es «serio» porque infringe una porción del proyecto de Dios, secundado e incluso potenciado por el Evangelio de Jesús.

Las palabras de Jesús graban una novedad sustanciosa con caracteres indelebles: se trata de la atención a la mujer, de la valorización de su identidad, de la liberación del sometimiento y de la servidumbre a la tiránica y egoísta sensualidad masculina.

Se trata de una sensibilidad, la de Jesús, que, por otro lado, considera asimismo a la mujer como capaz de prevaricación y, al mismo tiempo, como merecedora o digna de misericordia, con la que él mismo se inclina en favor de la mujer pecadora (Jn 8,1-11). Jesús está al servicio de todos, de toda persona.

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año. 10, X, 94-95.

Han oído ustedes que se dijo a los antiguos… pero yo les digo

0

jesús y sus discípulos 4Tiempo Ordinario

Viernes de la X Semana

Textos 

† Del evangelio según san Mateo (5, 27-32)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio; pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.

Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.

También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio, y el que se casa con una divorciada comete adulterio”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Este evangelio continúa la enseñanza del discurso de la montaña en el que Jesús cumple la ley antigua. Ahora Jesús enuncia el sexto mandamiento: «No cometerás adulterio». Era esa una disposición que comprometía tanto al marido como a la mujer a no traicionar y, por tanto, a mantener intacto el vínculo conyugal.

Jesús no deroga dicho mandamiento, pero sabe que la mera observancia exterior no es suficiente para garantizar la integridad del matrimonio. Para construir una familia sólida y estable hace falta un corazón, es decir, una participación interior profunda con el otro. Por eso Jesús continúa: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón». Efectivamente, es lo que nace en el corazón, lo que contamina al hombre.

Es indispensable -y no solo en la vida matrimonial- tener lazos que unan profundamente nuestra vida con la de los demás. El amor -que es comprometerse a unirse a los demás- no debe quedar a merced de los sentimientos pasajeros o egocéntricos. Al final de la creación, después de haber creado a Adán, Dios nos presenta ese tipo de amor cuando dice: «No es bueno que el hombre esté solo». Es la afirmación de la primacía de la comunión sobre la soledad. Eso nos lleva a decir que el hombre y la mujer son imagen de Dios, juntos y no cada uno por su cuenta. Jesús, consciente de dicha dimensión, cumple la creación, recuerda la indisolubilidad del vínculo matrimonial, también respecto a la tradición del divorcio, y resalta la vocación original que es la estabilidad del amor entre el hombre y la mujer, así como la de los demás lazos.

Para Jesús, el compromiso por edificar la comunión estable entre los hombres, es la misma razón de vivir. No es bueno que el hombre esté solo, no es bueno que la familia esté sola, no es bueno que una ciudad esté sola, no es bueno que un pueblo esté solo. Es bueno que el mundo entero se construya como una única y variada familia, empezando por la doméstica y llegando hasta la de los pueblos.

El amor que Jesús pide es decidir comprometerse a construir un mundo con los rasgos del amor mismo de Dios. Por eso Jesús no duda en afirmar: « si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo». Y lo mismo para la mano. Cada vez que cedemos al egoísmo contaminamos el amor.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 246-247.