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Se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo

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última cena 5Lunes de la VII semana de pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (16, 29-33)

En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: “Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios”.

Les contestó Jesús: “¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún, ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo.

Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Con el epílogo del discurso de despedida de Jesús a sus discípulos, llegamos a la quinta y última lección de Jesús sobre la formación de la comunidad pascual.

Jesús se va porque su patria es el Padre. Su estadía en el mundo es pasajera y su amistad con los discípulos es apenas el comienzo de una relación que se prolongará más allá de la muerte. El sentido de su venida al mundo es el Padre: dar a conocer su rostro amoroso, abriéndole a todo el mundo el camino de acceso a este amor transformador que sacia el corazón.

Jesús regresa al Padre, pero no regresa solo. Todos los que lo aman y creen en Él serán acogidos por el Padre en su casa.

Pero justo en el momento en que los discípulos hacen su confesión de fe, «creemos que has venido de Dios», se dispara la alarma.  Los discípulos aparecen muy seguros de sí mismos en este momento, pero dentro de poco abandonarán al Maestro. Jesús lo advierte: «miren que viene la hora, más aún, ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo».

De hecho Jesús recorre el camino de la Cruz sin sus discípulos, pero esto no quiere decir que vaya solo, con Él irá el Padre: «no estaré solo, porque el Padre está conmigo». Aun en la Pasión el Padre mostrará su inagotable fidelidad. Jesús tiene confianza en esto. El apoyo vendrá del Padre y no de los discípulos en la hora crucial.

Los discípulos dicen que aman a Jesús pero lo abandonan. En cambio la actitud de Jesús hacia los discípulos es completamente distinta.  A ellos también los esperan tiempos difíciles, el camino hacia el Padre tendrá muchos escollos: «en el mundo tendrán tribulaciones». Pero Jesús no los abandonará. Jesús no se limitará a estar al lado sino que estará ahí salvando, haciendo presente su victoria pascual.

Jesús hace sentir desde entonces su voz poderosa de Señor resucitado que dice: «tengan valor, porque yo he vencido al mundo». No se dice que los discípulos serán preservados de las tribulaciones, pero si ponen la mirada en el Cristo Pascual, la victoria está asegurada. En la opresión los discípulos tendrán paz y en la dificultad confianza: «Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí». El discurso acaba aquí, pero no el camino.

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., IV, 412-413.

Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí.

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Lunes de la VII semana de pascua

Textos 

† Del evangelio según san Juan (16, 29-33)

En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: “Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios”.

Les contestó Jesús: “¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún, ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo.

Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El fragmento comienza con algunas palabras entusiastas de los discípulos de Jesús: « Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas». Piensan los discípulos que las palabras del Señor sobre su misión son ahora comprensibles, pero olvidan que les había dicho que la nueva era comenzaría después de la resurrección y que la comprensión de sus palabras tendría como maestro interior al Espíritu Santo.

Creen tener ahora en sus manos el secreto de la persona de Jesús y poseer una fe adulta en Dios. Jesús tendrá que hacerles constatar, por el contrario, que su fe tiene que ser reforzada aún, porque es demasiado incompleta para hacer frente a las pruebas que les esperan. Son palabras que esconden una gran amargura: el Nazareno predice el abandono por parte de sus amigos. Éstos se escandalizarán por la suerte humillante que sufrirá su Maestro.

Con todo, Jesús nunca está solo. Vive siempre en unidad con el Padre. Por eso termina el coloquio con los suyos pronunciando palabras llenas de esperanza y de confianza: «Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo». Jesús ha vencido al mundo desarmándolo con el amor. Ha elegido lo que cuenta a los ojos de Dios y perdura en la vida, no lo efímero. Y este mensaje es el que deja a sus discípulos como «testamento espiritual».

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., IV, 412-413.