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¿Por qué tus discípulos no ayunan?

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Cuaresma

Viernes después de ceniza

Textos

† Del evangelio según san Mateo (9, 14-15)

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les espondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Mientras damos los primeros pasos del camino cuaresmal, la Palabra de Dios nos recuerda que el verdadero camino es interior, el camino del corazón: es el progreso en el amor, en la amistad, en la generosidad. El Evangelio no nos pide simplemente hacer algunas cosas más, aunque sean buenas. Lo que en realidad se nos pide es un cambio más profundo. El ayuno que el Señor quiere es el del propio egoísmo, salir de la concentración sobre uno mismo y los propios problemas para dirigir el corazón hacia Él, y para hacer crecer el amor y la atención hacia los más pobres y débiles. 

El Evangelio de Mateo nos habla del ayuno y nos explica su sentido profundo. Los discípulos de Juan, que llevaban una vida más austera que la de los seguidores de Jesús, preguntan el porqué de aquella alegría suya. En efecto, la mera presencia de Jesús entre la gente creaba un clima de fiesta, de esperanza, en definitiva, de extraordinaria alegría, y los discípulos estaban verdaderamente contentos de estar con él y de compartir su vida, gastada en estar con la gente y ayudarla.

El seguimiento de Jesús no es un camino triste basado en las privaciones y la penitencia. Podríamos decir que es exactamente lo contrario. Los discípulos de Juan lo veían y se escandalizaban. Jesús aclara que estar con él es como estar en la fiesta que se hace en las bodas al llegar el novio. Sí, los pobres lo habían comprendido: había llegado a ellos aquel que liberaba del abandono y la desesperación. Jesús advierte sin embargo que la llegada del Reino de Dios el reino del amor y la paz- conlleva inevitablemente la lucha contra el mal, y que, como sucede en toda batalla, no faltarán momentos difíciles. Surgirán opositores que tratarán por todos los medios de abatir a los discípulos que anuncian el Evangelio. 

En cualquier caso es necesario vestirse de fiesta y beber el vino de la misericordia: esto hará fuertes y seguros a los discípulos, incluso cuando deban afrontar momentos difíciles y de sufrimiento. Dietrich Bonhoeffer decía que el Evangelio hace a los discípulos no sólo buenos sino también fuertes. 


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 102.

Vendrán días… entonces sí ayunarán

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ayunarCuaresma

Viernes después de ceniza

Textos

† Del evangelio según san Mateo (9, 14-15)

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les espondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Los discípulos de Juan se acercan a Jesús para preguntarle: «¿Por qué tus discípulos no ayunan?». Quienes siguen a Jesús con su alegría y libertad marcan la diferencia, esto llama a algunos la atención y a otros les escandaliza.

Los fariseos y los discípulos de Juan ayunaban con frecuencia, no siempre por obligación sino también por propia iniciativa, dando así muestras de una gran piedad. En principio, la razón de ser de su ayuno era apresurar la venida del Mesías. La lógica era esta: si todo el pueblo se arrepiente de sus pecados, Dios se apiadará y enviará al Mesías.

Entonces, ¿Por qué los discípulos de Jesús no ayunan? Porque el Mesías ya está entre ellos. Por eso los discípulos están en fiesta y no hay razones para ayunar. Los fariseos continuarán con la antigua práctica porque no han reconocido en Jesús al Mesías.

La respuesta de Jesús es una revelación: «¿Pueden los amigos del novio ayunar mientras el novio está con ellos?». La lógica se impone, pero los fariseos no parecen reconocerla. Pero llama la atención que Jesús de repente dice una frase desconcertante que parecería contradecir la anterior: «Días vendrán en que les será arrebatado el novio; ya ayunarán entonces».

«Será arrebatado el novio». Con esta frase, Jesús hace alusión a su muerte y ascensión gloriosa. Si la presencia de Jesús marca el fin de la antigua institución del ayuno, ahora con su ausencia –por la muerte histórica pero también por el pecado- se justifica la vuelta al ayuno.

La pregunta que queda planteada entonces es: ¿Tendrán los discípulos de Jesús que ayunar? Sí, en cuanto reconozcan su necesidad de conversión, de volver al camino del seguimiento radical cuando se han apartado de él.

En este sentido, recordemos:

Actualmente son dos los días de ayuno prescrito en la Iglesia para los adultos, entre 18 y 59 años: miércoles de ceniza y viernes santo.

Los viernes de cuaresma son de abstinencia de carne, prescrita para los mayores de 14 años. El sentido de la abstinencia de carne es el siguiente.

La difusión del cristianismo se hizo en el mundo mediterráneo en donde la cercanía del mar hacía que los productos marítimos fueran un alimento de bajo costo; remplazar la carne -siempre costosa- por pescado era para destinar lo que se gastaba en carne para limosna para los pobres.

No está prescrito que el día de abstinencia se deba comer pescado; esta práctica tiene su sentido en la lógica del ayuno; entonces, habría que comer lo que implique el menor gasto y ahorrar, lo que se hubiera gastado ese día, para ayuda de los pobres.

La práctica de la limosna es una de las prácticas cuaresmales; consiste en desprendernos de algo nuestro para ayuda de quien lo necesita; en la lógica de la conversión, ayuda a quien la práctica a romper el caparazón del egoísmo y a purificar la relación con los bienes.